Nina Torres Baños

Profesora en el Departamento de Política y Cultura de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco

Profesora Nina Torres Baños, 2019. Foto: Rosa Martínez.

¿Cómo calificaría el papel que han desempeñado las mujeres de morena?

No tengo idea porque no conozco la integración del partido en los otros estados de la república, aunque en la reciente reunión nacional de mujeres en Puebla, vi una creciente y poderosa participación de mujeres de 26 entidades. Sí, conozco la participación de las mujeres en la Ciudad de México porque aquí he trabajado, fundamentalmente para la Secretaría Estatal de Mujeres morenaCiudad de México.

En términos nacionales veo la composición del partido en dos comités, el Comité Ejecutivo Nacional (cen) presidido por YeidckolPolevnsky, con dos compañeras más, y el Consejo Nacional del partido presidido por Bertha Luján, en donde la participación de las mujeres es apenas poco mayor.

No es extraño que algo así suceda en términos nacionales, porque el Estatuto del Movimiento Regeneración Nacional (morena) y los documentos básicos del partido, no plantean de ninguna manera la llamada equidad de género o, en todo caso, el equilibrio entre hombres y mujeres en los cargos de dirección. En cambio, en la Ciudad de México la participación de las mujeres en morena me parece fundamental, se ha desarrollado su capacidad de organización en el trabajo. Aunque los retos son mayúsculos todavía porque, por ejemplo, en mi opinión no se ha logrado dar una respuesta política pronta a los temas que nos conciernen como mujeres. Temas que el feminismo ha reivindicado y que ha levantado como propios, así como asuntos de naturaleza local y nacional que también han reclamado una presencia política más fresca, más pronta y no la veo. Ese es un reto que me parece fundamental.

¿Hacia dónde debería transitar morena para consolidarse como partido político?

Bueno, morena es un movimiento-partido y esa doble composición es evidente en él. Por lo menos para mí es mucho más claro y fuerte el proceso de organización como movimiento, el cual condujo muy recientemente a su conversión en partido político, pero el carácter de movimiento a partido me parece claro y sigue existiendo en él.

¿Cómo fortalecer al partido?, creo que un elemento fundamental tiene que ver con una revisión profunda de los estatutos partidarios en donde, en primer lugar, nos debería incluir a las mujeres como actoras políticas del partido. No existimos en los estatutos partidarios, los he leído con detenimiento más de una vez y, sí, somos mencionadas en un par de renglones muy al final. En una ocasión junto con ellos, desde luego, como agentes del cambio, como custodios de la democracia, pero no somos actoras políticas. Por ello los estatutos deberían ser reformulados. Ésto sin duda le daría una mayor consistencia al partido.

En segundo lugar, me parece que es clave el carácter democrático en la toma de decisiones del partido. Hay muchos datos a lo largo de la historia que demuestran que la construcción de la democracia participativa en un partido político —la manera en la que se concibe la democracia participativa, la manera en la que se impulsa esta democracia participativa— ha ocurrido fundamentalmente a cargo de las mujeres. Esto no es casual, digamos, es absolutamente coherente con la lucha política de las mujeres. Ahora bien, depende mucho de cómo se concibe y cómo se construye esta democracia al interior del partido para dar cuenta de si efectivamente se avanza, se construye, se consolida o, más bien, sólo se simula.

En este momento, morena ha sido un partido descabezado con el conflicto actual que todo México conoce y que en la militancia de morena conocemos muy bien, relativo al reemplazo de la dirigencia nacional del partido. El comité estatal de la Ciudad de México, por ejemplo, ha estado funcionando, o funcionó, sin cabeza, sin conducción política por meses.

En morena hay un problema de consistencia, de construcción democrática, y está teniendo una crisis importante. Está representando este problema de concepción y de construcción de método, de práctica política de la democracia. Están provocando una crisis muy severa, profundamente estructural para la cortísima vida del partido y extremadamente preocupante. Porque, por supuesto, da muchísimos elementos para la derecha y la ultraderecha en este país, que se regocijan con cada yerro que cometemos como izquierda y como partido progresista.

Creo que es crucial el reto de la construcción del partido desde la concepción, la práctica y la metodología de la democracia. En ese sentido, las encuestas, por ejemplo, dejan fuera, cancelan de hecho, la posibilidad y la necesidad de la reflexión profunda sobre lo que se quiere opinar, o percibir, pues estas son un instrumento adecuado para las ciencias económicas, las ciencias administrativas, las ciencias sociales, de medición de opiniones y de percepción. Aunque en realidad, las encuestas más que registrar opiniones registran percepciones, sin embargo, como método de elección, las encuestas cancelan cualquier posibilidad de debate con otros y con otras respecto a lo que se quiere percibir y opinar.

La encuesta en el partido políticomorena como medio, como mecanismo, como instrumento, como método de elección de la presidencia nacional del partido, o de su cen, o del Consejo, la encuesta como método para la elección de dirigentes es desacertada. Atenta profundamente contra la posibilidad de construir realmente un ejercicio democrático, impide profundizar en nuestra democracia participativa, la cual implica forzosamente pensar-leer; pensar-discutir; pensar y actuar. Eso no se logra con las encuestas.

Creo que este es un problema nodal; cómo concebir y cómo modificar la apuesta política del funcionamiento de la existencia del partido, descartando de entrada la encuesta, y privilegiando siempre, lo digo en síntesis, la participación informada, atendida por parte del partido. Se debe procurar información puntual, propiciar espacios para el debate, cancelar cualquier gesto de violencia política o violencia sexista en la discusión partidaria, y que la toma de decisiones ocurra una vez que se lean y se discutan los documentos, los asuntos sobre los cuales hay que tomar una decisión. Que ello ocurra en asambleas. Por eso la asamblea es el método históricamente probado y comprobado de funcionamiento democrático, horizontal e igualitario.

Apunto esos dos problemas esenciales y la posibilidad de atenderlos para fortalecer al partido.

Nos comentó sobre la participación de las mujeres en morena. ¿ Qué agregaría ahondando en la participación de las mujeres en los cargos de dirección del partido?

Personalmente no soy afecta a ningún cargo de dirección porque, en ese sentido, quizá soy mucho más horizontal. Me gusta mucho más pensar que algún día lograremos construir un espacio de participación política y de toma de decisiones plenamente horizontal, donde el propio colectivo sea capaz de regular sus decisiones, de calificar sus yerros, sus aciertos y tomar medidas. Pero, bueno, eso será algún día y sobre ello tenemos que avanzar.

Esa preparación tiene que ver fundamentalmente con al menos dos cosas; uno, la construcción de una visión de las mujeres de morena respecto del partido que queremos, del proyecto de nación que queremos, y empujarlo desde el interior del mismo. Formarnos políticamente como militantes demorena en estas discusiones desde una perspectiva feminista, de pensamiento socialista, ambientalista y pacifista, de construcción y de transformación de la realidad. Dos, fortalecer nuestra formación política para debatir desde la visión de las mujeres, subrayo, la construcción del partido, el partido que queremos para construir y contribuir a la formación de la nación que merecemos.

Esa nación que merecemos, entre otras muchísimas cosas, debe contemplar la no violencia, extirpar la violencia sexista y construir la igualdad de oportunidades para las mujeres. El partido debería hacerlo. Ya hablé antes sobre la necesidad de modificar los estatutos y de fortalecer la democracia interna. Las mujeres estamos, históricamente hablando, muy comprometidas con el proceso de construcción colectiva del futuro, porque así hemos elaborado el pasado y el presente.

Nos comentaba sobre algunos retos importantes para el partido, entre estos, la revisión del Estatuto de morenay el fortalecimiento de la democracia, ¿considera estos como los principales retos a afrontar?

Señalé ambos porque me parece que son clave, los Estatutos como el documento que ordena y que le da sentido a la participación interna del partido, pero también está la declaración política del partido, de la cual ya no se habla. Asimismo, habría que examinarla, habría que discutirla, hacer una revisión crítica. Yo diría que es necesaria porque esa declaración, el documento programático de la fundación del partido, resulta de una coyuntura muy importante, clave, pero que me parece que se quedó en esa coyuntura de los fraudes electorales. Éstos condujeron al recorrido y a la campaña permanente de organizaciones y difusión que asumió López Obrador, junto con un grupo tan importante de militantes, hombres y mujeres cercanos.

Opino que hay que estudiar los documentos fundacionales del partido, y la Declaración de principios de morena, para actualizarla. No en versión “light” de esta actualización, sino una revisión profundamente política, es decir, histórica. No sólo colocarnos con la mirada del afecto abierto por más de 100 años de lucha por construir la justicia y la igualdad en este país, sino también con el corazón y el “coco”, con nuestra capacidad de análisis en lo que estamos construyendo.

Las decisiones de hoy afectarán a las generaciones venideras. Pensemos concreta y materialmente en, efectivamente, esas generaciones venideras, en el país que estamos dejándoles. Esta revisión sobre el país que les estamos heredando es la discusión de lo que ya mencionaba antes, el proyecto de nación que tiene que revisarse.

La discusión de un proyecto de nación desde la mirada de las mujeres, como señalaba antes, me parece clave en y para el partido. Me parece esencial que entre nosotras lo discutamos, lo pensemos en voz alta, rompamos los atavismos que refieren que las mujeres no discutimos, o que nuestras discusiones representan rupturas políticas, no, no es así. Las mujeres somos muy políticas y en ese sentido discutimos y la discusión se da sobre la base de nuestras certezas, pero también sobre la base de nuestras diferencias. Porque plantear las diferencias no supone ningún pleito, supone enriquecer la democracia y, por lo tanto, asumirse como un actor colectivo.

Las mujeres ya no somos únicamente un sujeto social sino, fundamentalmente, somos actoras políticas. Creo que este ir tejiendo la discusión y la revisión demorena, es al mismo tiempo ir tejiendo y revisitando a nuestro país, porque lo construimos sobre la base de nuestra realidad histórica y concreta, y sobre la base de lo que queremos hacer para México. morena tiene un enorme reto, y tiene muchos, pero creo que el fundamental en este momento es consolidarse como partido.

La forma en la que el partido resuelva en este momento esta diferencia política tan importante, que no es sólo de opinión, es ante todo una concepción política (cómo elegir a los dirigentes; por cuánto tiempo y con qué método de elección), marcará su nueva etapa: más democrática, o más vertical. Es una ingenuidad no entender que son dos visiones políticas diametralmente opuestas. Y en política la ingenuidad no existe o si existe cuesta sangre y vidas. Puede costar la figura misma del partido. Ese es el reto inmediato que hay que resolver.

Una vez superado el reto inmediato, los otros tendrán que ver con cómo dar un giro importante, real y profundo, no una “curita”. Necesitamos una revisión integral de estos asuntos y de los temas que son clave en el partido.

¿Considera que morena como partido, y desde el cambio de gobierno, representa la democracia efectiva y participativa?

Es “tramposona” la pregunta, morena llevó a López Obrador como candidato a la presidencia de la república, y ganamos. Ganamos quienes votamos por López Obrador, ganamos las y los de morena, pero también ganó mucha gente que no está en el partido.

Me parece muy peligroso que el partido se “monte” en el gobierno y tienda a querer fusionarse o confundirse con el aparato de gobierno. Me parece muy delicado, ya lo hemos pasado en este país y en América Latina en varias ocasiones y, además, me parece grave.

Creo que cuando en el partido se discutió si era movimiento o partido, en ese momento la reflexión estaba muy atravesada incluso por la historia. Toda esa discusión sobre la relación entre el partido y el movimiento, si los militantes o las direcciones de los movimientos sociales debían ser miembros de las direcciones partidarias, no es un debate reciente, tiene un montón de décadas.

Quienes encabezaron las discusiones al respecto lo saben, son compañeros y compañeras con una formación política y teórica muy sólida, pero de pronto como que se nos olvida, que cuando se optó por el modelo de partido, con este componente orgánico importante con el movimiento se decidió que el partido lucharía por el poder, como todos los partidos políticos.

Este poder se obtuvo y es normal que el partido haya aportado militantes en la configuración del nuevo gobierno, pero sus militantes en teoría han sido ya formados políticamente por el partido, en teoría.

Habría que ver cuántos de los funcionarios actuales que morena aportó cumplen este principio teórico, pero es, digamos, “natural” que los partidos ganen las elecciones, tomen el poder político y contribuyan con sus militantes, sus mejores cuadros, mujeres y hombres, para la formación del gabinete o del equipo de gobierno, y desde ahí impulsen el proyecto de nación que enarboló el partido a través de su candidato.

A pesar de ésto, no podemos fusionar o no debemos decir que partido y gobierno se vuelven uno mismo. No, por el contrario, tenemos que mantener esta separación que es real pero hay que aclarar permanentemente. A su vez, el partido tiene la obligación profunda de trabajar frente al gobierno que emanó de sus filas; de funcionar desde la crítica y la autocrítica constante.

Abandonar la autocrítica, desechar la crítica de la gestión gubernamental conduce al ejercicio del poder por el poder mismo y no a la construcción del poder y la realización de éste desde un proyecto y desde una visión política que se quieren, al menos, progresistas.

Creo que no es adecuado, políticamente hablando, confundir el partido con el gobierno. El partido debe mantener su identidad partidaria y realizar el ejercicio de mirar y de actuar críticamente frente al gobierno, aportar los señalamientos necesarios que desde la crítica conduzcan hacia propuestas para su solución, y trabajar, autocríticamente en no repetir los errores que se estarían señalando por su militancia.

En este sentido, y de cara a la sociedad, ¿considera que desde el cambio de gobierno han mejorado las condiciones de justicia?

No, el partido no ha tenido, lastimosamente, nada que ver en términos de un debate con relación al poder judicial, con relación a política económica que se traduzca en programas económicos de justicia social. No ha estado en el debate. No ha estado en la construcción ni una vez después del primero de diciembre. No sé dónde ha estado del partido, francamente.

Lo cierto es que no ha estado internamente fortaleciendo su formación política, fortaleciendo su capacidad de toma de decisiones democráticas. No ha estado en esta construcción de leer críticamente la gestión del gobierno y su propio desempeño desde la autocrítica.

Creo que el partido tiene en realidad muchas cosas por hacer, muchas tareas pendientes frente a la sociedad, frente al pueblo. Y si no empieza a hacerlas ahora, el partido va a valer “queso” muy pronto. Porque la gente votó y la gente, lo dice en la calle, votó por López Obrador y por morena.

Yo voté por morena, yo voté con voto duro, como tantos que lo hicimos, pero mucha gente sólo voto por “el peje”. No, no veo cambios importantes en términos de justicia. Veo avances, pero tampoco tenemos que verlos tan pronto. Apenas estamos celebrando el primer aniversario.

Creo que las decisiones de gobierno, las políticas de estado, incluso las que se han estado impulsando en el primer año son fundamentales para restablecer un rango. Un grado importante de estado de bienestar, desde el estado y hacia la población, y desde la población hacia sí misma. Se están sentando las bases.

Es imposible transformar en un año un estado neoliberal de más de 30 años de ejercicio de explotación, de sobre explotación y de despojo. Exigirlo en un año es una tontería y prometerlo para un año es irresponsable.

Estoy segura de que se han sentado y se están sentando bases muy importantes para recuperar un porcentaje importante del carácter benefactor del Estado mexicano. Para atender a las grandes mayorías nacionales e históricamente abandonadas, neoliberalizadas de una manera profunda desde 1982.

Es muchísimo lo que nos toca hacer todavía en el ámbito de la deconstrucción del neoliberalismo. Celebro que el presidente decrete su extinción, como consigna política me parece maravillosa, pero en términos de realidad social sabemos que hay que trabajar todavía muy duro para demoler efectivamente al neoliberalismo. El partido tiene una enorme y hermosa responsabilidad en ello.

Profesora Nina Torres Baños, 2019. Foto: Rosa Martínez.