Es nuestro derecho

Natalia Eguiluz*

“Mirada”, fotografía digital de Natalia Eguiluz, 2020.

Hablar sobre la interrupción legal del embarazo en nuestros días sigue siendo muy polémico y bien valdría la pena insistir en reflexionar en voz alta sobre el asunto, y más cuando el 6 de febrero de este año, tras un intenso debate, la Comisión de Igualdad de Género en la Cámara de Diputados aprobó opinión favorable sobre la iniciativa presentada por las diputadas de morena “que adiciona diversas disposiciones de la Ley General de Salud, en materia de interrupción legal del embarazo y salud sexual y reproductiva”1 misma que posteriormente se debatirá en la Comisión de Salud y en el pleno, de esta manera en un futuro próximo sabremos si se legalizará a nivel nacional o no.

La disyuntiva sobre interrumpir o no un embarazo, y cómo hacerlo, ha estado presente en la vida de muchísimas mujeres en nuestro país y en el mundo, por motivos de diversa índole, pero a pesar de ser una situación que las mujeres enfrentan, comúnmente se calla. En la pintura, se dice que Paula Rego, artista de origen portugués, fue la primera pintora que realizó una serie de retratos de mujeres solas en el proceso de interrumpir su embarazo de forma clandestina en el año 1998, sin embargo, hay otras artistas en el mundo que abordaron años antes la problemática sobre todo mediante el arte del performance.

La clandestinidad de la interrupción de un embarazo se da en los lugares donde es ilegal, inseguro y tiene un costo, lo cual ha producido abusos y llevado a la muerte a muchísimas mujeres, especialmente a aquellas que son pobres.

Al respecto es importante tomar en cuenta que en las sociedades patriarcales, es decir, en aquellas sociedades en las que el poder económico, político, social y cultural lo tienen los varones, no es extraño que se mire el cuerpo de las mujeres como un objeto y se busque su control sexual y reproductivo. En principio porque la maravilla de poder gestar un ser humano es impresionante, profunda, y poderosa, e implica muchas cosas: fundamentalmente representa el poder de controlar la perpetuación de la especie, pues hasta ahora no es posible que nazca un ser humano si no es desde el cuerpo de una mujer.

Además, la reproducción de la vida humana se ha asociado a otras ideas como el sentido de propiedad, poder y riqueza. Todavía en algunos lugares del territorio nacional se intercambian mujeres por reses, se realizan matrimonios acordados por los patriarcas de la familia, se casan a niñas con adultos —aunque el año pasado por fin se prohibió por ley el matrimonio infantil2— o en las familias ricas se establecen matrimonios por conveniencia económica. Estas prácticas culturales patriarcales tienen larga tradición, pues las mujeres comúnmente han sido vistas como propiedad de los hombres, no como seres humanos con capacidad de discernir por su propia cuenta. La lucha por desnormalizar estas ideas y prácticas ha sido ardua.

Recordemos que en México fue hasta el año 1974 cuando en el artículo 4to de la Constitución Mexicana se reconoció que:

El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia. Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada, sobre el número y el espaciamiento de sus hijos.3

Han pasado más de 40 años desde entonces y se ha avanzado en la variedad y accesibilidad de métodos anticonceptivos, la impartición de educación sexual en las escuelas, la incorporación de la “pastilla del día siguiente” en el cuadro de medicamentos del sector salud, y la legalización de la interrupción del embarazo seguro y gratuito hasta las 12 semanas en Ciudad de México (2007) y Oaxaca (2019). Sin embargo, las mujeres se enfrentan a obstáculos por parte de varias instituciones gubernamentales y religiosas así como a mentalidades que no aceptan el derecho de las mujeres de decidir sobre su cuerpo, y menos aun cuando se trata de la interrupción de un embarazo no deseado.

Incluso, a pesar de que a nivel nacional es legal abortar cuando el embarazo es producto de una violación sexual, en los hechos se impide de diversas maneras. Existe un breve documental llamado “Paulina en el nombre de la ley” creado por la cineasta Mari Carmen de Lara en el año 2000,4 que brinda un panorama sobre el asunto. El documental trata el caso de una chica de 13 años de edad que fue violada por un señor que entró a robar a su casa en Mexicali, Baja California, quedó embarazada, ella y su familia pidieron ejercer el derecho al aborto pero las autoridades se negaron, le enviaron un párroco que intentó disuadirla amenazándola con que si lo hacía sería excomulgada, los médicos arguyeron objeción de conciencia, los grupos de mujeres contra el aborto presionaron, la chica y su familia con apoyo de organizaciones feministas denunciaron la situación en la Comisión de Derechos Humanos, no obstante, ya era tarde: la adolescente contra su voluntad tuvo que tener un hijo que no deseaba. Este caso nos habla de cómo aun cuando fue violada, nuevamente se atentó contra sus derechos humanos al impedir su derecho a abortar.

Hoy en día es común escuchar a hombres y a mujeres que dicen: “si salió embarazada, ¡que se aguante!”, al respecto habrá que preguntarse ¿la maternidad se trata de aguantarse?, ¿se tiene que vivir bajo la imposición de otros? No. No es justo dejar a las mujeres en una situación que puede poner en riesgo su vida, o que la cambiará de manera irreversible al tener un hijo o hija que no desea, ya sea por haber sido violada, o por no haber podido acceder a anticonceptivos, por desconocimiento, o por falta de recursos económicos, por olvido, o por vergüenza —ya que hablar de sexualidad y derechos reproductivos para gran parte de la sociedad sigue siendo tabú—.

Por eso, la iniciativa presentada por las diputadas de morena contempla que la Secretaría de Salud debe contar con personal capacitado para practicar la interrupción legal del embarazo hasta las 12 semanas, cuando la mujer lo solicite, y que se deberán proporcionar los servicios de consejería médica y social pues se debe garantizar la salud de las mujeres y el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos.

Las mujeres son personas, no son cosas, ni úteros vivientes o incubadoras parlantes, legislar a favor del aborto seguro y gratuito es estar a favor de la vida de las mujeres, y de la maternidad voluntaria.

Legalizar la interrupción del embarazo no significa imponerlo, cada quien decide, pero es nuestro derecho y debe ser reconocido por ley a nivel nacional.

 * Artista plástica feminista. Maestra en Estudios de la Mujer por la Universidad Autónoma Metropolitana (uam)-Xochimilco.

1 Cámara de Diputados, “La Comisión de Igualdad de Género aprueba opinión sobre la iniciativa en materia de interrupción legal del embarazo”, Comunicación Social, Boletín núm. 3155, 6 de febrero de 2020. Disponible en <http://www5.diputados.gob.mx/index.php/esl/Comunicacion/Boletines/2020/Febrero/06/3155-La-Comision-de-Igualdad-de-Genero-aprueba-opinion-sobre-la-iniciativa-en-materia-de-interrupcion-legal-del-embarazo&gt;. Fecha de consulta: 12 de febrero de 2020.

2 Senado de la República. Coordinación de Comunicación Social, “Prohíben el matrimonio infantil”, Boletines, 21 de marzo de 2019. Disponible en <http://comunicacion.senado.gob.mx/index.php/informacion/boletines/44207-prohiben-el-matrimonio-infantil.html&gt;. Fecha de consulta: 15 de febrero de 2020.

3 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Artículo 4°. Disponible en <https://www.gob.mx/salud/articulos/constitucion-politica-de-los-estados-unidos-mexicano-articulo-4&gt;. Fecha de consulta: 18 de febrero de 2020.

4 “Paulina en el nombre de la ley”, María del Carmen de Lara (dir.), México, 2000, 20 min.