Mujeres de Izquierda: de la revolución mexicana al movimiento estudiantil de 1968

Foto: Hermilia Galindo. Consultada en wikimedia

Dra. Olivia Gómez Lezama

La emergencia del movimiento feminista en México no se dio de manera aislada, ya que, las mujeres que lo impulsaron también tuvieron una presencia importante en el movimiento revolucionario, que surgió contra el régimen de Porfirio Díaz. Las trayectorias de Hermila Galindo, Eulalia Guzmán y Clementina Batalla de Bassols dan claro ejemplo de ello. La primera destacó por impulsar el voto femenino durante el Primer Congreso feminista que se llevó a cabo en 1916, en Yucatán, y posteriormente, en el Congreso Constituyente de 1917. Así como, por encabezar el ideario de La mujer moderna, título de la revista que editó, en la que también proclamaba la igualdad intelectual entre hombres y mujeres, además de resaltar la importancia de la educación sexual. No obstante, su intensa actividad en el movimiento feminista no fue ajena a las luchas políticas y sociales de su época. De ahí que, también participara en diversos clubes revolucionarios como el que formó en 1906, junto con Luz Vera, Laura N. Torres y Eulalia Guzmán, con el nombre de “Admiradoras de Juárez”, contra la dictadura de Porfirio Díaz [1] y, posteriormente, trabajó como secretaria particular de Venustiano Carranza, experiencia que plasmó en su libro La Doctrina Carranza y el acercamiento indo latino. [2]

Por su parte, Eulalia Guzmán participó en la revolución maderista. Al ser preso el presidente Francisco I Madero, en 1913, acudió junto con María Arias Bernal al Palacio Nacional para pedirle al usurpador de Victoriano Huerta que lo pusiera en libertad. Solicitud que no prosperó, pues fue ejecutado al día siguiente, por lo que, cercana a la familia Madero, acompañó a la viuda para reclamar los restos del mandatario.[3] Posteriormente, siendo ministro de Educación José Vasconcelos, viajó a Europa como becaria de la fundación alemana Alexander Von Humbolt, con el propósito de especializarse en ciencias de la educación. Parte de este trabajo lo dio a conocer en su libro, Lo que ví y oí, publicado en 1941, donde advertía sobre el peligro que representaba el Partido Nacional Socialista alemán debido a sus planteamientos sobre la superioridad racial.[4]

A su regreso continuó preparándose e ingresó en 1929 al Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde se encontró con otras mujeres destacadas de la época, Rosario Castellanos y Amalia Castillo Ledón, con quienes organizó a un grupo de mujeres universitarias, que lograron obtener el reconocimiento de la Federación Internacional de Mujeres Universitarias, surgida al calor de la primera guerra mundial. De ahí que también propugnaran por la paz mundial. Entre 1936 y 1940, nuevamente regresó a Europa en búsqueda de documentos históricos de México en los archivos y bibliotecas de Berlín, Viena, Austria, Londres, Bélgica, Milán, Florencia, Roma y El Vaticano. Resultado de esa tarea, publicó en 1964 el libro Manuscritos de México en Archivos de Italia.

Asimismo, durante este tiempo también concilió su participación política con las demandas feministas. En 1922 asistió al Primer Congreso Panamericano de Mujeres, celebrado en Baltimore, Estados Unidos, y en 1948, fundó el Partido Popular Socialista (PPS), junto a Vicente Lombardo Toledano y Narciso Bassols. En su programa de acción se resumían tanto las demandas feministas como las político-sociales de la época, ya que, a la par de propugnar por la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, también lo hacía en pro de la educación socialista y la política de nacionalizaciones, llevadas a cabo por el presidente Lázaro Cárdenas.[5]

Durante este período, tuvieron lugar organizaciones feministas como el “Frente Único Pro-Derechos de la Mujer”, que contó con una mayor presencia de mujeres comunistas, pero que, al no lograr la reforma constitucional que diera plena ciudadanía a las mujeres, se disolvió. Sin embargo, esta experiencia, dio lugar a que, a instancias del Partido Comunista Mexicano, apareciera el “Bloque Nacional de Mujeres Revolucionarias”. Posteriormente, la “Unión Democrática de Mujeres Mexicanas” que tuvo mayor presencia nacional e incluso internacional, como parte de la “Federación Democrática Internacional de Mujeres” (FEDIM), fundada en 1945 por un grupo de mujeres francesas, se propuso “unificar bajo criterios maternalistas, antifascistas y pacifistas a las mujeres de todo el mundo.”[6] Cabe señalar que, estas organizaciones feministas, también se adhirieron a los movimientos políticos y sociales más importantes de esos años: el ferrocarrilero, encabezado por Valentín Campa y Demetrio Vallejo, y el magisterial, siendo ambos fuertemente reprimidos por el régimen.

Para los años sesenta emergieron nuevas organizaciones feministas. Entre ellas, “Vanguardia de la Mujer Mexicana” y la “Unión Nacional de Mujeres Mexicanas”, destacando, en esta última, la presencia de Clementina Bassols Batalla, quien presidió la Federación Democrática Internacional de Mujeres y el Comité Provisional Unificador de Mujeres, organizaciones cuyo objetivo consistía en unificar a las mujeres del país y, en particular, a las mujeres de izquierda. Este propósito unificador feminista, lo llevó al plano internacional. En 1960, asistió al Congreso Internacional de Mujeres, celebrado en Copenhague, y a su regresó se ocupó de construir una red latinoamericana de solidaridad femenil acorde a las luchas políticas de la época. En ese sentido se dio la participación de estas mujeres tanto en el frente feminista, como con el “Movimiento de Liberación Nacional” (MLN), creado en 1961, para apoyar la revolución cubana y, en el ámbito nacional, luchar por una “auténtica reforma agraria” y la liberación de los presos políticos de los movimientos magisterial y ferrocarrilero que se encontraban en prisión, ambos sucesos ocurridos dos años antes.[7]

Posteriormente, Clementina Bassols, viuda de Narciso Bassols, quien había fallecido en 1959, continuó con la lucha feminista. En 1963, participó en el Congreso Mundial de Mujeres que se llevó a cabo en Moscú y para continuar con la labor unificadora, hizo un llamamiento a las mujeres de izquierda en torno al Congreso de la Unidad femenil que se celebraría en octubre de 1964. En él participaron mujeres de diversos sectores de la sociedad: maestras, campesinas, amas de casa, profesionistas, universitarias de la UNAM y del Politécnico. Se trataba de mujeres de izquierda, con posturas progresistas y de cambio social, aspecto que se reflejó en sus postulados, pues lograron enlazar aquellos de carácter feministas con las demandas sociales y políticas. En su ideario se planteaban mejorar las condiciones de vida de las mujeres mexicanas, obtener una protección eficaz de la salud, educación e igualdad de oportunidades para niñas y niños, el establecimiento de un régimen de verdadera democracia, igualdad de derechos de las mujeres en la familia, en su condición de trabajadora, maestra, campesina e indígena, contra la explotación del trabajo infantil y reconocer el estatuto pleno de las mujeres como ciudadanas.[8] Este era el momento de lucha en que se encontraban las mujeres de izquierda en México cuando se dio el movimiento estudiantil de 1968, del cual, tampoco fueron ajenas, siendo también reprimidas por el régimen, que mostró su cara más autoritaria.[9] En resumen, el movimiento feminista en México, que comenzó desde principios del siglo XX, se caracterizó por construir organizaciones de mujeres que lucharan no sólo por las demandas feministas, sino que también fueron activas participantes de los distintos momentos coyunturales, tanto nacionales como internacionales, actuando junto con los movimientos sociales y políticos más relevantes de la época.


[1] Galeana, Patricia, “Un recorrido histórico por la revolución de las mujeres mexicanas”, en La Revolución de las Mujeres en México, México, INEHRM, 2014, p. 17.

[2] La Doctrina Carranza estableció las bases de la política exterior mexicana. Señalaba que todos los países son iguales y se deben respeto mutuo en sus instituciones, leyes y soberanía; que todos deben someterse al principio universal de la no intervención y que nacionales y extranjeros deben ser iguales. El contexto en que Carranza formulo estas disposiciones, siendo presidente, ocurrió debido a las amenazas que sufrió su gobierno por parte de empresarios estadounidenses que se oponían a los artículos sociales que estableció la nueva Constitución de 1917, emanada de la revolución mexicana debido a que ponían un impuesto especial sobre sobre la producción petrolera y sus derivados, el cual, no querían pagar.

[3] Mari Carmen Serra Puche y Manuel de la Torre Mendoza, Eulalia Guzmán, Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM, p. 131.

[4] Ibidem, p. 133.

[5] Ibidem., p. 131.

[6] Oikión Solano, Verónica, “Resistencia y luchas: La Unión Nacional de Mujeres Mexicanas en el verano del 68: una historia desconocida”, Ciclo de conferencias El historiador frente a la historia 2018. Los sesenta, más que una década (Ciclo en memoria del 2 de octubre de 1968), audio, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 4 de abril de 2018. Disponible en http://hdl.handle.net/20.500.12525/339. [Fecha de consulta: 26 de marzo de 2021]

[7] El MLN estaba liderado por el expresidente Lázaro Cárdenas y también contó con la participación de destacados líderes e intelectuales como Eli de Gortari y Heberto Castillo, en Carr, Barry, La izquierda mexicana a través del siglo XX, México, Editorial ERA, 1996. Traducción de Paloma Villegas. Primera reimpresión: 2000, p. 236.

[8] Op. Cit., Oikión Solano, Verónica, “Resistencia y luchas: La Unión Nacional de Mujeres”.

[9] Ídem