8M Marchamos por nuestro derecho a la vida

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Martha Adriana Cota Sánchez

Se pintan de lila y morado las calles de la Ciudad de México. 8M, es el movimiento de mujeres internacional que convoca a marchar en casi todo el mundo.

La acumulación de violencias es tan evidente que la misma Organización de Naciones Unidas (ONU) decidió reconocer a las mujeres en su calidad de trabajadoras. Por supuesto, el capitalismo integrador de las mujeres al proceso de producción/explotación en todas sus formas.

Otra dimensión, nos permite observar los hechos que han generado la diversidad de protestas en tantas plazas y en fechas que fueron sumando este clamor de las mujeres por el derecho a la vida.

Feminicidios, violaciones, secuestros, comercio de seres humanas de todas las edades. Parar la injustica, detener la violencia estructural a la que ha llegado el sistema patriarcal. La impunidad de un sistema que hace más cruento y sofisticado su sistema de opresión y explotación.

El movimiento de mujeres, ha encontrado históricamente en el feminismo las banderas de lucha y grandes experiencias de organización, discusión y creación de círculos de análisis, denuncia y encuentro.

Así ocurrió en la marcha 8M, cantidad de colectivas, mujeres de todas las edades encontrando sus propias formas de nombrar la indignación lo que unas y otras viven. Cantos, consignas, indignación, batucadas que a ritmo de corazón narran micro historias alejadas de la individualidad para unirse a las voces diversas y multitonales.

El amplio pliego de demandas es el mismo en cada país. La unidad del movimiento no se logró al calor de una gran asamblea, es la suma de cientos de agravios que sufren las mujeres. A través de las noticias generadas por los propios colectivos, la socialización de la información, los documentales, las alertas, los colectivos y todo el andamiaje de las redes sociales, han permitido visibilizar el repetido patrón de funcionamiento de la economía capitalista globalizada, a través del cuerpo de las mujeres de todas las edades, raza, etnia, color.

El movimiento mundial de mujeres, se coloca en el centro de la lucha contra todo tipo de injusticia en el planeta, visibiliza a las mujeres como las defensoras en cualquier parte de la tierra.

Una muestra de las consignas que nos unen en todo el mundo:

  •  Que el capital explota nuestras economías informales, precarias e intermitentes.
  • Que los Estados nacionales y el mercado nos explotan cuando nos endeudan.
  • Que los Estados criminalizan nuestros movimientos migratorios.
  • Que cobramos menos que los varones y que la brecha salarial llega, en promedio, al 27%..
  • Que no se reconoce que las tareas domésticas y de cuidado son trabajo que no se remunera y suma, al menos, tres horas más a nuestras jornadas laborales.
  • Que estas violencias económicas aumentan nuestra vulnerabilidad frente a la violencia machista, cuyo extremo más aberrante son los femicidios.

Paramos contra la violencia institucional que amenaza y persigue a las que ejercen la prostitución y a las trabajadoras sexuales.

Paramos para reclamar el derecho al aborto libre y para que no se obligue a ninguna niña a la maternidad.

Paramos para hacer visible que mientras las tareas de cuidado no sean una responsabilidad de toda la sociedad nos vemos obligadas a reproducir la explotación clasista y colonial entre mujeres. Para salir a trabajar dependemos de otras mujeres. Para migrar dependemos de otras mujeres.

Paramos para valorizar el trabajo invisibilizado que hacemos, que construye red, apoyo y estrategias vitales en contextos difíciles y de crisis.

Paramos porque nos faltan las víctimas de feminicidio, voces que se apagan violentamente al ritmo escalofriante de una por día sólo en la Argentina.

Nos faltan las lesbianas y travestis asesinadas.

Nos faltan las presas políticas, las perseguidas, las asesinadas en nuestro territorio latinoamericano por defender la tierra y sus recursos.

Nos faltan las mujeres encarceladas por delitos menores que criminalizan formas de supervivencia, mientras los crímenes de las corporaciones y el narcotráfico quedan impunes porque benefician al capital.

Nos faltan las muertas y las presas por abortos inseguros.

Nos faltan las desaparecidas por las redes de trata; las víctimas de la explotación sexual.

Frente a los hogares que se convierten en infiernos, nos organizamos para defendernos y cuidarnos entre nosotras.

Frente al crimen machista y su pedagogía de la crueldad, frente al intento de los medios de comunicación de victimizarnos y aterrorizarnos, hacemos del duelo individual consuelo colectivo, y de la rabia lucha compartida. Frente a la crueldad, más feminismo.

Nos apropiamos de la herramienta del paro porque nuestras demandas son urgentes. Hacemos del paro de mujeres una medida amplia y actualizada, capaz de cobijar a las ocupadas y desocupadas, a las asalariadas y a las que cobran subsidios, a las cuentapropistas y a las estudiantes, porque todas somos trabajadoras. Nosotras paramos.

Nos organizamos contra el confinamiento doméstico, contra la maternidad obligatoria y contra la competencia entre mujeres, todas formas impulsadas por el mercado y el modelo de familia patriarcal.

Nos organizamos en todas partes: en las casas, en las calles, en los trabajos, en las escuelas, en las ferias, en los barrios. La fuerza de nuestro movimiento está en los lazos que creamos entre nosotras.