Mujeres, Arte y Resistencia

Natalia Eguiluz*

La cultura puede ser definida como aquellas prácticas sociales cuya primera dirección es la significación, por ejemplo, la producción de sentido, o establecer órdenes de “sentido” para el mundo en que vivimos

Griselda Pollock1

 Comúnmente cuando pensamos en el arte, lo asociamos a una actividad ajena y elitista; o bien, a la genialidad del espíritu humano en el cual no inciden el clasismo, el racismo y el sexismo que se viven en determinada sociedad; sin embargo, el arte es parte de los procesos sociales, y su función puede ser la de favorecer la perpetuación de un orden social injusto, o por el contrario, ayudar a transformarlo.

Actualmente las mujeres por el hecho de serlo, nos enfrentamos, en mayor o menor grado, a la invisibilización, la discriminación y la violencia. La desigualdad de género está presente en todos los ámbitos de la vida, y el campo del arte no es la excepción: basta con abrir un libro de historia del arte o visitar un museo para darnos cuenta de que son pocas las mujeres que aparecen, e incluso, en algunos casos, no encontraremos.

Desde los años setenta con el surgimiento del movimiento feminista de la segunda ola, varias historiadoras y artistas se propusieron analizar en su trabajo la condición de las mujeres en la sociedad y en el campo del arte2; de esta manera, las historiadoras y críticas de arte comenzaron a realizar estudios y propuestas para visibilizar el trabajo de las mujeres; por su parte, las artistas ejercieron con mayor ímpetu su derecho a la autorrepresentación, a expresar sus vivencias y problemáticas a partir de su identidad como mujeres. Así, cuestionaron y denunciaron la violencia, el uso del cuerpo femenino como objeto sexual, los estereotipos de género en el arte y los medios de comunicación, el reparto desigual del trabajo doméstico, y en general las desigualdades jerárquicas existentes entre mujeres y hombres, mismas que muchas veces pasan desapercibidas por considerárseles “normales”.

Hoy en día, a pesar de que hay un camino recorrido de lucha que ha ayudado a visibilizar el trabajo de las mujeres y cuestionar las injusticias a las que se enfrentan, las artistas tienen menores posibilidades de difundir su trabajo creativo, están inmersas en la doble jornada laboral y son discriminadas por ejercer su derecho a la maternidad, entre otras cuestiones3. Esta situación se intensifica aún más si en su labor parten de una posición crítica hacia la realidad social, pues, como en otros campos, la disidencia y la denuncia de la injusticia no son vistas con buenos ojos por los grupos privilegiados.

A pesar de ello, ante la situación de violencia contralas mujeres, la sobreexplotación y la pauperización de las condiciones de vida que ha generado el neoliberalismo, muchas artistas están intentando colaborar en la construcción de una transformación social al cuestionar y/o denunciar problemáticas sociales con el fin de concientizar a la población, ya sea mediante el tema que abordan en su obra, o bien, a través de acciones sociales y político-creativas directas contra la injusticia y la desigualdad, aportando desde su quehacer a la revolución de las conciencias para la conformación de una sociedad en la que el derecho a la vida digna sea una realidad para todas y todos.

 *Artista plástica feminista,

Mtra. en Estudios de la mujer (UAM-X)

1 Griselda Pollock (2007), “Visión, voz y poder: Historias feministas del arte y mar-xismo”, en Karen Cordero e Inda Sáenz (comp.), Crítica feminista en la teoría e historia del arte, México,  UIA/PUEG-UNAM.

2 Patricia Mayayo (2003), Historias de mujeres, historias de arte, Madrid, Cátedra.

3 Natalia Eguiluz Ornelas (2010), “Y sin embargo se mueven… Producción de arte contrahegemónico feminista y su función social en México”, tesis de maestría en Estudios de la Mujer, UAM-X.