Reseña del libro

Elaborada por Ángela Ixkic Bastian Duarte

Libro reseñado:

Gisela Espinosa Damián y Ana Lau Jaiven (coord.), Un fantasma recorre el siglo. Luchas feministas en México 1910-2010, UAM-ITACA y CONACYT, México, 2010. pp.546

¿Cuáles son los desafíos para los feminismos en México, ahora que la pobreza se ha profundizado, la corrupción crece con toda impunidad y los grupos conservadores se han fortalecido?  Hoy, que la violencia proveniente del Estado se ha exacerbado, así como aquella ocasionada por la consolidación del poder del narco y por la ampliación de sus fronteras territoriales ¿Son suficientes las reivindicaciones “puras” de género para enfrentar la problemática de las mujeres y la del feminismo mismo? ¿Cómo trabajar por el cumplimiento de los derechos sociales y políticos desde una perspectiva feminista? ¿De qué manera el feminismo puede construir articulaciones más sólidas con otros movimientos y grupos sociales? ¿Cómo se han ido formulando históricamente estas interrogantes?

Estas son algunas de las preguntas en torno a las cuales reflexionan las 18 colaboradoras de Un Fantasma Recorre el siglo. Luchas Feministas en México 1910-2010. Cada uno de los  16 capítulos del libro editado por Gisela Espinosa y Ana Lau Jaiven marca una coordenada en el mapa de este pensamiento libertario: como la batalla por el reconocimiento a la ciudadanía de las mujeres, a los derechos políticos y  al voto femenino, que desarrollan Lau Jaiven, en “Mujeres, feminismo y sufragio en los años veinte”, Esperanza Tuñón Pablos en “El Frente Único Pro Derechos de la Mujer durante el Cardenismo” y Enriqueta Tuñón Pablos en “El derecho de las mujeres al sufragio”; o el sentido y la importancia de la educación para y por las mujeres que aborda Mercedes Barquet en “Feminismo y academia”; o la lucha por el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, y por la despenalización del aborto,  trabajado por Marta Lamas en “Cuerpo y política: batalla por la despenalización del aborto”; o la relación entre medios de comunicación y feminismo, que trabaja Sara Lovera en “Feminismo y medios de comunicación”; o la construcción de un ambientalismo feminista, expuesta por Hilda Salazar Ramírez, Rebeca Salazar Ramírez y Lorena Paz Paredes, en “El ambientalismo feminista”.

En este libro,  reconocidas pensadoras y activistas recuperan de forma crítica episodios clave del último siglo del feminismo mexicano, ensayando nuevas perspectivas e interrogando creativamente. La introducción señala algunos de los retos de una empresa de este tipo: “Armar la historia de las luchas feministas implica necesariamente posicionarse desde la subalternidad social, desde los márgenes; comenzar desde abajo, revisar lo hecho desde un ángulo distinto, escudriñar fuentes inexploradas, recuperar voces y experiencias excluidas…” (p.15)

Lejos de ser una narración lineal, o una enumeración de hechos y apellidos, el libro es una reflexión compleja acerca de los planteamientos teóricos del feminismo, de sus prácticas políticas y de los puentes entre ambos elementos. En este sentido, un capítulo bien logrado es el escrito por Irma Saucedo y Guadalupe Huacuz: “Movimientos contra la violencia hacia las mujeres”, que analiza la violencia contra las mujeres en el marco de la violencia estructural. Las autoras establecen los vínculos entre las inequidades sociales, la incapacidad para garantizar justicia a quienes han sufrido algún tipo de abuso, y la perpetuación misma de la violencia. Al develar las enormes ineficiencias del Estado Mexicano para atender la problemática relativa a la violencia contra las mujeres, las feministas han contribuido a demostrar que si bien la violencia está asociada a patrones culturales, también lo está a la profunda corrupción institucional.

El libro aborda al feminismo como proyecto  emancipatorio, como propuesta teórica y como heterogéneo movimiento social. Autonomía e Institucionalización: dos propuestas cuya confrontación ha marcado al feminismo son analizadas por María Luisa Tarrés, Martha Castañeda, Gisela Espinosa y Ximena Bedregal.

Tarrés analiza la experiencia contradictoria de los institutos de las mujeres como “propuesta que cristaliza una parte del proyecto feminista, ya que supone la generalización de la perspectiva de género…” y la formulación de políticas públicas dirigidas a atender las desigualdades entre hombres y mujeres. Reflexiona acerca de los aportes y limitaciones, así como de las implicaciones de transformar las demandas en leyes y reglamentos.

Ximena Bedregal, por su parte, en el capítulo titulado “El feminismo autónomo radical: una propuesta civilizatoria”, formula la crítica profunda e implacable del los feminismos autónomos: la institucionalización ha llevado a muchas feministas a manejarse con las reglas del sistema autoritario y patriarcal, arriesgando el potencial emancipatorio de esta búsqueda política.

La década de los 80 se caracterizó por la formulación de cuestionamientos realizados por mujeres de los movimientos populares mixtos al feminismo acerca de la disposición para entender su propia diversidad interna. Y  la década del 90 fue testigo de cuestionamientos esgrimidos por mujeres indígenas organizadas al etnocentrismo de algunos feminismos. Gisela Espinosa  y Aída Hernández abordan estos procesos que han evidenciado la necesidad de construir una práctica política abierta a las diferencias.

Aída Hernández en el artículo titulado “Movimiento de mujeres indígenas: re-pensando los derechos desde la diversidad”  explica cómo los planteamientos de las indígenas evidencian las limitaciones de una agenda que parte de la perspectiva liberal de la igualdad y de una visión universalizante de los derechos. El feminismo popular, analizado por Gisela Espinosa, deja un aprendizaje similar.  La autora lo expresa de la siguiente forma: “Habrá que aprender a construir lo común en medio de lo diverso, reconocer la diferencia, no para constatarla o tratar de homogeneizarla, sino para buscar en lo específico los puntos de contacto y los elementos que, sin ser idénticos al proyecto propio, sean legítimos, justos y emancipadores para las mujeres y los grupos oprimidos” (305).

El libro que aquí se reseña invita al lector a analizar los logros alcanzados hasta hoy por el feminismo mexicano, diverso y contradictorio; a aquilatar su experiencia y sus herramientas para la transformación social. Muchos cambios han ocurrido desde 1910. Hoy las mujeres en nuestro país cuestionan activamente las desigualdades y la discriminación, y trabajan desde distintos frentes contra la opresión. Sin embargo, en los últimos 15 años hemos visto un retroceso en los logros alcanzados en cuanto al respeto y la promoción de los derechos sexuales y reproductivos, el acceso a métodos anticonceptivos en los servicios de salud es más limitado, los grupos de ultraderecha se han fortalecido, el tráfico y la trata de menores se ha incrementado al igual que la pornografía infantil. Un fantasma recorre el siglo, habla de la vigencia del feminismo, como uno de los movimientos más relevantes del siglo XX, y de sus posibilidades de acción en el contexto actual, acrisolando las experiencias previas.