Maternidad, justicia y protesta artística

Natalia Eguiluz*

Mandil intervenido por la artista Edith López Ovalle, 2012.
Fotografía: Natalia Eguiluz

Cuando la maternidad es voluntaria –y no impuesta– es una experiencia profundamente amorosa y bella, sin embargo, el trabajo doméstico y de cuidados que realizan las mujeres no es reconocido ni existe compatibilidad entre el sistema laboral actual y el cuidado de las personas. La maternidad, como sabemos, implica tiempo, dedicación y cuidado hacia los demás.

“Cada año celebramos a las madres en su día”, dirán algunos; “todos reconocemos amorosamente a nuestra mamá”, dirán otros. No obstante, más allá del festejo genuino o no, y del uso mercantilista que hacen las empresas, es necesario preguntarnos qué sucede realmente con la maternidad en nuestro país.

En este sentido, me parece relevante abordar el trabajo de Mónica Mayer, pionera e impulsora del arte feminista y una de las artistas mexicanas que más ha tratado el tema de la maternidad. En específico me remitiré a la obra de arte participativa titulada Maternidades secuestradas (2012).

El proceso que Mayer realizó en dicha obra partió de la demanda histórica feminista del derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo y generar una reflexión colectiva acerca de la maternidad, para lo cual organizó, junto con otras artistas, cenas y pláticas en sus casas así como la creación de un grupo en Facebook. En estos espacios varias mujeres artistas, feministas y activistas,1 madres o no, compartieron sus puntos de vista.

Posteriormente, de manera colectiva, realizaron un manifiesto y una acción de protesta artística en el Zócalo de la Ciudad de México el 11 de mayo de 2012 a la que nombraron “La protesta del día después”, en la que –entre otras cosas– efectuaron una pasarela sobre una jerga larguísima extendida en el piso: cada una caminaba vistiendo un mandil con la leyenda impresa “No a las maternidades secuestradas”. Algunas se pusieron disfraces o pelucas; otras decidieron intervenir su mandil con imágenes. Una de las artistas pegó en el suyo retratos de mujeres y hombres desaparecidos por el gobierno mexicano desde los años setenta y escribió: “¿Dónde están? l@s desaparecid@s”, con lo cual recordó la injusticia rampante que ha existido en nuestro país y la ardua lucha de las madres por la presentación con vida de sus hijos e hijas desaparecidos. Ese día después del 10 de mayo en el Zócalo, las mujeres que desfilaron por la jerga portaban pequeñas pancartas con frases referentes a lo que para ellas significa una maternidad secuestrada, por ejemplo:

“Que las mujeres pobres seguimos muriéndonos por complicaciones en el embarazo”,

“No ver a mis hijos porque tengo que trabajar 12 horas”,

“Que piensen que por ser mamá no puedes ser buena artista”,

“Embarazarme por no saber que existen los anticonceptivos”,

“Que las adolescentes embarazadas abandonemos la escuela”,

“Que me quiten a mis hijos por ser lesbiana”,

“Que me metan a la cárcel por un aborto espontáneo”,

“Que me muera en una clínica clandestina porque el gobierno o la Iglesia no me dejaron decidir sobre mi cuerpo”,

“Que desaparezcan a mi hijo o hija y ninguna autoridad me pueda dar respuesta”.2

En México, a primera vista, pareciera que ser madre es una condición sumamente valorada, pero cuando analizamos los hechos las cosas se tornan muy distintas: muchas mujeres no tienen acceso a servicios de salud para llevar a buen término su embarazo, mueren por complicaciones prevenibles y tratables; quienes pueden o deciden sólo enfocarse al cuidado de sus hijos e hijas son socialmente menospreciadas; a su vez, las que tienen –o buscan– un trabajo remunerado son discriminadas por ser madres; amamantar en horas de trabajo –aunque sea un derecho– no es bien visto por los patrones pues resta productividad. Las jornadas laborales cada vez más extensas, la falta de seguridad social y los salarios bajos no corresponden a las necesidades de cuidado que requiere una persona y, por si fuera poco, a una gran mayoría de mujeres en este país les han sido arrebatados sus hijos e hijas por enfermedades curables, por miseria, por balazos, y llegan a ser reprimidas cuando exigen justicia para sus hijos e hijas desaparecidas o asesinadas.

¿Cuándo habrá justicia para ellas, para todas, para todos?, y, ¿hasta cuándo en nuestro país la maternidad será realmente dignificada?

*Artísta plástica feminista, mtra. en Estudios de la Mujer (UAM-X)

1 Tuve el gusto de ser una de las invitadas participantes.

2 Mónica Mayer, “¡No a las maternidades secuestradas!”, 30 de mayo de 2012. Disponible en: http://www.pintomiraya.com/redes/archivo-ana-victoria-jimenez/item/47-%C2%A1no-a-las-maternidades-secuestradas.html