Mibel García*
Entre más pasa el tiempo,
más silenciosamente lloramos,
y entre más fuerte el dolor,
más lo escondemos.
El primer llanto sin pena,
significado de vida,
llenó los pulmones de aire,
el lugar de alegría.
Al paso de los días,
el llanto encontró significados,
hambre, frío,
dolor, incomodidad,
razones significantes para gritar
y sacar lo que molestaba.
Llanto…
El desintoxicante del cuerpo,
la calma para el alma,
sólo necesitaba unos pasos que escucharan,
y venían al auxilio
a calmar la angustia,
a calmar el dolor.
Con el tiempo…
la pena invadió el aire,
aquello por lo que gritaba ahora era tragado
y guardado en el pecho,
la burla,
las risas del dolor, hostigaban para mantenerlo callado.
Aprender que el llanto es debilidad,
era cambiar y modificar mis códigos de salvación,
de vida,
códigos que se habían creado en mi formación,
que se habían reforzado en mi nacer,
la apatía a la pérdida de una lágrima hizo crear
un escudo de insensibilidad al dolor.
Ahora,
en un mundo de desamor,
desasosiego,
deslealtad,
de egoísmo e incertidumbre,
en la soledad en que me encuentro por no saber escuchar,
por no saber perdonar y perdonarme,
porque ahora vivo en el pasado y no el presente,
por creer que el que llora no es fuerte,
por mi rechazo a quien era sensible…
El dolor me consume y no tengo escapatoria,
siento cómo el quebranto corroe mis huesos,
y mi alma se ha secado.
Si tan sólo hubiera prestado atención a mi alma,
a su necesidad de gritar por auxilio en una lágrima,
en un llanto a tiempo y no escondido…
Hoy…
Hoy no estuviera muriendo de cáncer.
Oaxaca de Juárez, Oaxaca.
*Poeta mexicana (Oaxaca, 1972- )