Este cuerpo es mío y tengo derecho a elegir

Martha Nora Muñoz

Sin hablar de estadísticas: cada mujer una historia

María rompía de cierta forma los esquemas de su época durante los años ochenta en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Rebelarse y seguir estudiando mas allá de la educación secundaria, salirse de casa de sus padres a los 16 años, vivir en unión libre y trabajar para sobrevivir y pagar los estudios la marcó con el estigma impuesto por una sociedad machista y podrida. Con el pasar del tiempo, María se dio cuenta de que estaba embarazada, la decisión de tenerlo o abortar era todo un escandalo. En esa época los métodos anticonceptivos eran aún un tabú, así que el derecho a la maternidad parecía no pertenecerle a María ni a ella ni a muchas más. Si vives en unión libre, si eres casada, si ya rebasas cierta edad, si llevas muchos años de casada y no has estado embarazada, aún teniendo edad legal para tomar tus propias decisiones, algún estigma caerá sobre ti como le sucedió a María; esto le sucede a todas las mujeres, antes y hoy. Pero algo mas le pasó a María cuando tuvo su primer hijo y decidió operarse al mismo tiempo del parto para no tener más hijos: cuando despierta de la anestesia, el dr. le dice que no lo hizo, María preguntó ¿por qué? Y la respuesta fue: eres muy joven, ¿qué tal si la relación con tu pareja deja de funcionar, ¿qué tal si después quieres tener otro?

Parir o no parir es un derecho violado por una sociedad castrante, sexista, machista, donde la mujer es vista como un objeto, como propiedad privada.

No al aborto o derecho al aborto es el tema más controversial de todas las formas de violencia hacia la mujer. Pareciera que María no posee su cuerpo, que le pertenece a alguien más. ¿Cuántas historias como la de María existen?

La historia de María es como la historia de Juana, Ramona, Carmen, Sofía y todas las mujeres de México y el mundo. Los tiempos han ido cambiando y hoy reconocemos que el DERECHO A LA MATERNIDAD nos pertenece, pero no sólo lo reconocemos, también estamos uniendo nuestras manos, las de María, Juana, Ramona, Carmen y Sofía porque ¡unidas somos una fuerza invencible! Si algo cambió desde los ochenta entonces todavía hay mucho por conquistar.

“Somos mujeres que no se han rendido, somos aquellas que nadie ha vencido, conquistando derechos por ley merecidos”.