Olivia Gómez Lezama*
En la vida de Claudia Sheinbaum, nuestra actual Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, se conjugan, lo que algunos han llamado, sus dos pasiones: la política y la academia. Sin duda, la convivencia de ambos quehaceres en su persona la distinguen y le dan un valor mayor, en virtud de que no resulta común que los investigadores y profesores universitarios vinculen sus labores académicas con la praxis política. Para entender cómo esa combinación de elementos se ha dado a lo largo de su trayectoria, nos asomaremos un poco a su historia personal de vida a la luz de las coyunturas políticas y sociales que incidieron en su formación como científica y en su trayectoria política.
Claudia Sheinbaum nació el 24 de junio de 1962 en la Ciudad de México. Su entrada al Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Sur coincidió con la etapa de expansión de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es decir, con la construcción de planteles fuera de Ciudad Universitaria, en la zona metropolitana; se trató de las Escuelas Nacionales de Estudios Profesionales (ENEP’S) —Acatlán, Zaragoza, Cuautitlán, Iztacala y Aragón—, dichas escuelas a diferencia de las Escuelas Nacional Preparatoria, se caracterizaron por una educación más libre, de izquierda y de tendencia marxista, en oposición a las “prepas” que obedecían a un modelo educativo más antiguo, de finales del siglo XIX, más jerarquizado y tradicional. Además, los profesores de las ENEP’S eran los jóvenes politizados del 68 que transmitían a sus alumnos el pensamiento crítico marxista, aunado a su experiencia política. En el caso de Sheinbaum, seguramente sus padres le transmitieron la experiencia política que les tocó vivir con el movimiento estudiantil de 1968. Pero, también, de ellos heredó su vocación por la ciencia, pues su madre era química y su padre biólogo.
Además, formó parte del proceso de cambio que llevó a las mujeres a tener mayor acceso a la educación superior. En 1961, de un total de 66 mil alumnos con los que contaba la UNAM sólo 11 mil eran mujeres;1 una década después, el porcentaje de mujeres con educación universitaria incrementó de un 10 % a un 30 %.2 Podemos considerar este cambio sustancial si tomamos en cuenta que casi medio siglo antes, a finales del siglo XIX, las mujeres apenas comenzaban a acceder a la educación superior.
En 1887, Matilde Montoya se convirtió en la primera mujer médico y abrió paso a que otras mujeres también accedieran a conocimientos que hasta entonces, de acuerdo con el pensamiento de la época, estaban destinados solamente para los hombres, como lo expresa el siguiente testimonio: “la mujer está destinada a un papel en la sociedad que exige menos cultivo del espíritu […] que la instrucción primaria debía impartirse por igual a ambos sexos, más no así la profesional”.3 Sin embargo, pese a esa opinión generalizada, poco a poco, las mujeres hicieron suya la educación universitaria. Más médicas comenzaron a recibirse, además de dentistas, farmacéuticas, abogadas. En 1898 se recibió la primera licenciada en derecho, carrera que, además de la medicina, se consideraba exclusiva para los varones.
Posteriormente, la Revolución mexicana marcó una pausa en este cambio, pero una vez que concluyó, la educación fue un tema que cobró relevancia. Se creó la Secretaría de Educación Pública y, con ello, comenzó una fuerte campaña contra el analfabetismo. En este tiempo, la formación de mujeres maestras de educación básica jugó un papel de suma relevancia, ya que contribuyeron a cumplir la meta planteada. Además, surgieron otras carreras llamadas “cortas” creadas para las mujeres: taquimecanografía, contabilidad, comercio y enfermería.4 No obstante, pese al impulso que se le dio a la educación, se dejó de lado el arribo de las mujeres a la educación superior.

Pasaron varias décadas para que esta situación mejorara. En los años sesenta, si bien seguían siendo pocas las mujeres con acceso a la educación universitaria, en comparación con los hombres, ya tenían presencia en la mayoría de las carreras universitarias y no sólo en las llamadas “carreras cortas”. Sin embargo, en algunas carreras universitarias, como las de ciencias, la presencia de mujeres seguía siendo extraña. De ahí también el mérito de Claudia Sheinbaum, ya que logró destacar como científica en un ámbito poco accesible a las mujeres.
Precisamente, en la década de los ochenta, mientras realizaba sus estudios universitarios (1986-1987), se dio un conflicto en la UNAM por la reforma del entonces rector Jorge Carpizo que planteaba el cobro de cuotas a los estudiantes, lo cual violaba el derecho a la educación pública y gratuita, además de la eliminación del pase reglamentado (automático) “que exime a los estudiantes del bachillerato de la UNAM de presentar examen de selección para la licenciatura”.5 Dicha iniciativa se dio en el contexto de la crisis económica aguda que vivió el país desde finales de los años setenta y entre la implantación del neoliberalismo; esta medida estaba encaminada a incrementar las condiciones de precariedad de los estudiantes y sus familias al obligarlas a pagar cuotas en un contexto de precariedad económica. Para hacer frente a dicha problemática, los estudiantes conformaron el Comité Estudiantil Universitario (CEU), organización similar a la de 1968, del que Claudia Sheinbaum formó parte. El movimiento, después de realizar una huelga prolongada, logró que se cancelaran las “cuotas” y que se respetara el pase automático.6 Luego de esta experiencia política-estudiantil, los integrantes del CEU se sumaron a la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas para la Presidencia de la República (1988). Así, Sheinbaum comenzó a vincular su actividad académica con la participación político-social.
Durante los siguientes años, continuó sus estudios y en 1989 se graduó como Licenciada en Física de la Facultad de Ciencias de la UNAM; en 1994 egresó de la Maestría en Ingeniería Energética y, al año siguiente (1995), comenzó el doctorado en Ingeniería Ambiental, también en la UNAM, durante el cual realizó una estancia de cuatro años en el Lawrence Berkeley National Laboratory, asociado a la Universidad de California en Berkeley.
Actualmente, es Investigadora Titular Definitiva del Instituto de Ingeniería de la UNAM, profesora del Posgrado en Energía en la misma institución, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y de la Academia Mexicana de Ciencias. Ha dirigido varias tesis de licenciatura y posgrado. También ha recibido diversos reconocimientos por su labor de investigación; se le otorgó, entre ellos, el Premio Joven Investigador de la UNAM en Innovación Tecnológica; el Premio Jesús Silva Herzog, en su versión Problemas del Desarrollo, y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.7 Sus líneas de investigación se refieren al cambio climático y el desarrollo de energías sustentables, de ahí que forme parte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Tomando todo ello en consideración, bien podríamos afirmar que ha logrado destacar como académica, además de contribuir al cuidado ambiental que hoy más que nunca resulta necesario.
De igual forma, lo ha hecho en la administración pública durante los diversos cargos que ha ocupado. Del 2000 al 2006 se desempeñó como Secretaria del Medio Ambiente del Distrito Federal, en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Durante su gestión formó parte del grupo que construyó del segundo piso del periférico, el Metrobús y la primera Ciclovía en la Ciudad de México. Asimismo, participó en la restauración del Bosque de Chapultepec y logró reducir la contaminación ambiental en un 30%. También se desempeñó como Jefa Delegacional en Tlalpan, de 2015 a 2017, y actualmente es la
primera mujer electa como Jefa de Gobierno de
la Ciudad de México.
Recientemente, el pasado 29 de mayo de 2019, anunció la creación del Instituto de Estudios Superiores de la Ciudad de México “Rosario Castellanos”, proyecto en el que se vinculan sus dos pasiones: la educación y la política, ya que se trata de un organismo de educación superior que fortalece el derecho a la educación pública y gratuita, con énfasis en carreras que contribuyen al cuidado del medio ambiente pero que, de igual forma, rescatan la necesidad de contribuir al conocimiento crítico desde las ciencias sociales y las humanidades, por lo que ofrecerán licenciaturas con doble titulación en apoyo con las principales instituciones de educación superior del país: la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional. Asimismo, en ello se refleja su experiencia política en el CEU, pues para ingresar a dicha institución no será necesario aprobar un examen de admisión, sino un curso propedéutico y que puede ser presentado las veces que se desee.8 En resumen, la figura de Claudia Sheinbaum destaca entre las mujeres de morena y de México por sus contribuciones a la sociedad desde la investigación científica y la administración pública.
* Doctora en Historia Moderna y Contemporánea por el Instituto Mora, con líneas de investigación en historia política y de las izquierdas.
**Fe de erratas. Fotografía: Carolina Ramírez
Mendoza Rojas, Javier (2001), Los conflictos de la UNAM en el siglo XX, México, Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México / Plaza y Valdés, México, p. 129.
2Ibid., p. 150.
3 Galván, Luz Elena (1985), «La educación superior de la mujer en México: 1876-1940», en Cuadernos de la Casa Chata, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, núm. 109, México, p. 11.
4Ibid., p. 37.
5 Mendoza Rojas, Javier (2001), op. cit., p. 175.
6Ibid., pp. 175-177.
7Claudia Sheinbaum(2018-2024), «Biografía», en Claudia Sheinbaum, disponible en <http://www.claudiacdmx.com/>, fecha de consulta: 23 de mayo de 2019.
8 Hernández, Sandra (2019), «Presentan Instituto de Estudios Superiores de CDMX; ingreso será con curso propedéutico», en El Universal, 29 de mayo, disponible en <https://www.eluniversal.com.mx/metropoli/cdmx/presentan-instituto-de-estudios-superiores-de-cdmx-ingreso-sera-con-curso>, fecha de consulta: 29 de mayo de 2019.