Las mujeres que hicieron historia en Paseo de la Reforma

Dra. Olivia  Gómez Lezama

La iniciativa

El pasado 4 de enero del 2020, el gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Claudia Sheinbaum, anunció la creación del “Paseo de las Heroínas” con la colocación de doce monumentos históricos de mujeres que destacaron por su papel en los principales procesos históricos de nuestra nación, como la independencia y la revolución, además de la lucha por conquistar los derechos de las mujeres. Con ello comienza a dárseles el justo reconocimiento por sus acciones en la historia oficial, reconocimiento del que han carecido y todavía falta por continuar. De manera muy breve, en seguida, abordaremos sus trayectorias y méritos por los que merecen ser reconocidas.

Durante la Nueva España

Sor Juana Inés de la Cruz

Durante el período colonial, antes de conseguir nuestra independencia de España, las mujeres tenían pocas opciones para desempeñarse y encontrar una satisfacción propia. La sociedad en la que vivían era concebida por y para los hombres, por lo que las mujeres eran relegadas a estar bajo la tutela masculina, ya fuera casadas y estando a cargo de sus esposos, o bien, solteras bajo la custodia del padre hasta los treinta años, o bajo la custodia de la Iglesia.

Como ejemplo más claro de este último caso se encuentra la trayectoria de Sor Juana Inés de la Cruz, quien para poder desempeñar su creatividad literaria y poética tuvo que recluirse en un convento en virtud de que las mujeres no tenían acceso a la educación superior, pues el mundo universitario era exclusivo de los hombres, debido a que se consideraba que sólo ellos tenían la capacidad de raciocinio necesaria. En ese sentido fue que la capacidad de Sor Juana fue cuestionada, causara revuelo y no se le permitiera destacar, aunque tuviera el mismo talento que sus contemporáneos destacados en las letras, como Carlos de Sigüenza y Góngora y Juan Luis de Alarcón.

Como parte de este intento por acallarla y desmotivarla para que dejara de ejercer sus virtudes, no se le permitió profundizar en el conocimiento de la teología, ámbito que también fue considerado exclusivo para los hombres. Por medio de su confesor le controlaban sus lecturas y actividades para acabar de alejarla de ellas y que así se dedicara exclusivamente a la vida monacal, alejada del mundo y consagrada a la oración, para acallar su espíritu poético.1

Mujeres en la Independencia

Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario

Disponible en <http://es.dreamsite.com/foto-de-archivo-independencia-mexicana- leona-vicario-estatue-image57609831>, consultado el 28 de enero de 2020.

Como se mencionó antes, la educación universitaria estaba negada para las mujeres, incluso para aquellas que pertenecían a las clases acomodadas como Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario. No obstante, en el primer caso, logró obtener una formación suficiente para imbuirse de la literatura revolucionaria y apoyar la causa independiente. Josefa logró ingresar al Colegio Vizcaínas donde se educaba a las mujeres con los conocimientos que se consideraban necesarios, como estudios religiosos y clases de costura; además de aprender a escribir y a leer, aspectos que el resto de las mujeres ni siquiera podían tener.2 Por su parte, Leona Vicario fue un caso todavía más excepcional, ya que, gracias a las clases particulares que recibió no sólo aprendió los conocimientos elementales, sino que también pudo dominar varios idiomas que le permitieron leer las grandes obras que inspiraron la revolución francesa e imbuirse de los ideales de libertad e igualdad.

Esta formación de ambas heroínas, superior a la que recibía la mayoría de las mujeres, contribuyó a que pudieran desempeñarse como espías, mensajeras y conspiradoras a favor de la causa independiente. El papel decisivo que Josefa Ortiz de Domínguez tuvo al impedir que la conspiración fuera descubierta es de todos conocido, además de su valentía al arriesgar la posición política de su familia, como esposa del corregidor de Querétaro y poner el peligro sus propiedades y vida. Por su parte, Leona Vicario también arriesgó su vida y libertad y, además, puso sus bienes al servicio de la causa de la independencia, para la compra de municiones y armamento. Su valentía fue probada durante el juicio que se le llevó a cabo al mantener sus convicciones.

De igual forma, destacó por su actividad intelectual que la llevó a ser considerada la primera periodista y a ser cuestionada, no obstante, por Lucas Alamán, uno de los conservadores más importantes de la época, al calificarla de “una enamorada sin ideales verdaderos”,3 con lo cual negaba su capacidad intelectual y de libre pensamiento por ser del género femenino.

Mariana Rodríguez del Toro y Gertrudis Bocanegra

En cuanto a la guerra de independencia merece reconocimiento Mariana Rodríguez del Toro, por su intensa actividad para conseguir que fueran liberados Hidalgo y Allende, a pesar de que no se logró, tras ser capturados en la batalla del Puente del Calderón. Es reconocida, además, por sus acciones para que la lucha por la independencia no concluyera con este acontecimiento, sino que continuara.

Al igual que Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra formó parte de las conspiradoras, las cuales eran mujeres que prestaban sus casas para realizar las reuniones (con apariencia de tertulias) para conspirar contra la corona española. Sirvieron, además, como mensajeras y espías, en su caso en Pátzuaro y Tacámbaro, Michoacán, gracias a lo cual se logró construir una amplia red de comunicación que se usó durante el movimiento independiente.

Entre el Porfiriato y la Modernidad

Matilde Montoya

Fue hasta finales del siglo XIX cuando las mujeres comenzaron a acceder a la educación universitaria, aunque a mediados del siglo XX se tendría una mayor presencia en las universidades. Como pionera de este proceso destaca Matilde Montoya, la primera mujer médico, cuyo título lo obtuvo gracias a su perseverancia y duro trabajo. Se enfrentó a un pensamiento, entonces hegemónico, de que la mujer estaba destinada a un papel que exige menor “cultivo del espíritu”,4 por lo que la educación primaria era aceptada para todos, pero no así, la universitaria. En este contexto, con su actitud valiente abrió el camino a las futuras generaciones de profesionistas, abogadas, dentistas, demás médicas y más recientemente ingenieras y arquitectas, entre otras profesiones consideradas exclusivas para los hombres.

Las mujeres de la Revolución

Durante la revolución mexicana, las mujeres participaron de muy distintas maneras en ella. Hubo desde las conocidas soldaderas, coronelas, enfermeras, pero también figuraron las intelectuales y, entre ellas, las primeras feministas como Carmen Serdán, una de las iniciadoras de la primera etapa del movimiento revolucionario, contra el régimen de Porfirio Díaz, bajo la proclama de la “no relección”. Ella junto con otras mujeres formaron clubes revolucionarios que apoyaron a Madero durante su campaña con la edición y distribución de propaganda en la que informaban a la población y la invitaban a votar contra Díaz.5 Por su parte, Sara Pérez Romero, esposa de Francisco I. Madero, impulsó la “Cruz Blanca Neutral por la Humanidad”, dedicada a atender a los heridos en el campo de batalla. Asimismo, Dolores Jiménez y Muro colaboró en la formulación y redacción del Plan de Ayala que se convirtió en la bandera de lucha del zapatismo.6

Estas mujeres destacaron por sus ideas que lograron plasmar en los planes revolucionarios, a pesar de que, como vimos, sus condiciones para acceder al conocimiento estaban en franca desventaja frente a los hombres.

El primer feminismo

De manera paralela a la revolución comenzó a gestarse el primer movimiento feminista moderno. Hermila Galindo, quien era secretaria particular de Venustiano Carranza, se abocó a la lucha por conquistar los derechos políticos de las mujeres (el derecho a votar y ser votadas). De ahí que haya logrado ser candidata a diputada federal en 1917 y a la organización de dos congresos feministas, a partir de su participación en el Congreso Magisterial que se llevó a cabo en Veracruz, en 1915 con la conferencia intitulada “La reivindicación de la mujer mexicana”. Posteriormente, llevó a cabo una campaña por diversos estados para propagar el ideario feminista. Como parte de su lucha, logró que se promulgara la Ley del Divorcio de 1914, por Carranza.7

Durante su participación en los congresos feministas que se realizaron en Mérida, Yucatán entre 1916 y 1917, se refirió a la sexualidad de la mujer y al derecho a conocer su cuerpo, para lo cual señaló la necesidad de impartirles cursos de anatomía y fisiología. De igual forma, habló de la lucha por el sufragio femenino, el cual, sin embargo, fue negado con el argumento de que la mujer necesitaba una mayor preparación política.8

Finalmente, Elvira Carrillo Puerto, otra de las primeras feministas más destacadas, conocida como “La Monja roja del Mayab”, fue diputada electa por el Congreso de Yucatán e integrante de la primera organización feminista del país llamada “La siempreviva”.

La primera escultura que se colocará en el “Paseo de las Heroínas” será la de Leona Vicario, y este año es de su festejo. Con la colocación de estos monumentos se contribuirá a sacar a la luz las luchas y el papel relevante que han tenido las mujeres en las grandes transformaciones de México, tarea que es más que necesaria en el actual momento que vivimos de violencia contra las mujeres, por un menosprecio de sus capacidades y sus vidas.

1 Rubial, Antonio (1999), La santidad controvertida, Sección de Obras de Historia, México, Fondo de Cultura Económica / Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), p. 165.

2 Alvarado, María de Lourdes (2004), La educación “superior” femenina en el México del siglo XIX, México, UNAM-Centro de Estudios Sobre la Universidad / Plaza y Valdés, p. 14.

3 Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, Mujeres insurgentes, disponible en <https://inehrm.gob.mx/es/inehrm/Mujeres_insurgentes&gt;, consultado el 16 de enero de 2020.

4 Galván, Luz Elena (1985), La educación superior en México: 1876-1940, México, en Cuadernos de la Casa Chata 109, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, p. 11.

5 Martha Eva Rocha Islas (2011), “Feminismo y Revolución”, en Gisela Espinosa Damián y Ana LauJaiven (coords.), Un fantasma recorre el siglo. Luchas feministas en México 1910-2010, México, Universidad Autónoma Metropolitana / El Colegio de la Frontera Sur / Itaca, p. 31.

6 Tuñón, Enriqueta (2002), ¡Por fin… ya podemos elegir y ser electas! El sufragio femenino en México, 1935-1953, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes / Instituto Nacional de Antropología e Historia / Plaza y Valdés, México, p. 33.

7 Op. cit., Martha Eva Rocha Islas, p. 38.

8 Idem., p. 45 y 52.