Cuando tejer y bordar se vuelven una acción política

Natalia Eguiluz

Quizás pocas personas conozcan qué son las arpilleras y por eso en este texto abordo un poco de su historia y de las actividades de tejer, bordar y coser en colectivo, como una acción política de denuncia y creación de espacios de convivencia y memoria que surgen desde la iniciativa de las mujeres. Ello implica dar otro significado y otra función a las labores que frecuentemente han sido vistas como “propias” de las mujeres y que fomentan una posición pasiva, de silencio y de reclusión en el espacio privado.

Las arpilleras tienen origen en Chile, nuestro país hermano latinoamericano. Desde hace muchos años las mujeres del pueblo de la Isla Negra tenían la tradición de realizar escenas cotidianas de la vida en sus pueblos con retazos de tela de colores: personas haciendo pan, trabajado el campo, paisajes, casitas, iglesias y en algunos casos incluían frases alusivas al tema representado.1 Las figuras y siluetas elaboradas con retazos eran cosidas sobre costales vacíos de papa o harina hechos de yute. Cuentan que Violeta Parra, cantautora, pintora y arpillerista chilena, quien compuso canciones extraordinarias como “Gracias a la vida” y “Volver a los 17” —interpretadas magistralmente por la inolvidable cantora argentina Mercedes Sosa— fue una de las mujeres precursoras en difundir este tipo de arte popular, a través de sus propias creaciones.

Natalia Eguiluz. Bordar, fotografía digital, 2020.

En 1973, tras el golpe de estado que sufrió el gobierno socialista de Salvador Allende, se impone la dictadura de Augusto Pinochet en Chile —primer país en el que se aplica el modelo neoliberal en el mundo—. Ciertas arpilleras elaboradas por mujeres se volvieron una herramienta para denunciar los horrores del régimen militar, para luchar contra el olvido y por la justicia.

Esta historia comienza cuando en la capital del país, el Comité Pro Paz (1973-1975), que después se llamó la Vicaría de la Solidaridad (1976-1992) —institución ligada a la Iglesia católica que apoyaba a las víctimas de la dictadura que enfrentaban pobreza y una cruenta represión— convocó a las mujeres a participar en talleres para realizar arpilleras, bordar y coser, crear con retazos de tela. Al principio los talleres no tenían ningún otro objetivo que el de facilitar un espacio en donde las mujeres pudieran crear y posteriormente vender sus productos. Es decir, se trataba de brindar opciones de sustento para que las mujeres mejoraran su situación económica, mediante el impulso de una actividad artesanal popular. La Vicaria de la Solidaridad, además, fungía como mediadora para vender sus obras, sin embargo, poco a poco, mientras elaboraban las arpilleras, las mujeres reunidas en estos espacios fueron hablando sobre sus historias y representando su cotidianidad, que en ese entonces estaba sumergida en una cruel violencia política. De esta manera, en tanto esposas, madres, hermanas denunciaban los casos de sus familiares a través de las arpilleras, así representaron escenas sobre las detenciones ilegales, las desapariciones forzadas, los encarcelamientos, los asesinatos y las torturas efectuadas por los militares.

Como estaba prohibido hablar de ello, estas imágenes implicaban un alto riesgo para quienes las realizaban, no obstante, ellas continuaron creando, constituyendo así una acción clandestina de resistencia.2 En Chile las arpilleras no fueron exhibidas públicamente, pues eran subversivas, pero lograron enviarlas al extranjero. Algunos viajeros solidarios enrollaban las arpilleras con contenidos de denuncia política junto con otras que trataban temas tranquilos y alegres, y secretamente las trasladaban en su equipaje. De esta manera el trabajo de las arpilleristas, realizado durante años, fue expuesto en museos y espacios culturales de distintos países.3

Sus creaciones no sólo fueron una actividad de expresión, desahogo y resistencia para ellas, sino un medio para comunicar y denunciar en otras latitudes lo que sucedía en Chile. Así, una práctica artesanal popular “inofensiva” realizada tradicionalmente por las mujeres, se convirtió en una forma de acción política que implicaba, a su vez, una forma de organización a nivel comunitario.

Actualmente las arpilleras las llevan a cabo principalmente las mujeres en varios países de América Latina,4 en ellas representan tanto escenas cotidianas como las distintas problemáticas sociales y políticas que viven en sus respectivos contextos. En diversas partes del mundo y en nuestro país, hay grupos de mujeres que construyen memoria y denuncia, así como imaginarios, sueños, deseos de vivir en un mundo mejor, y lo hacen mediante técnicas consideradas tradicionalmente femeninas. De esta manera las politizan.

En México, hace unos meses se lanzó una convocatoria pública para que las mujeres mexicanas y de todo el planeta participen en un proyecto de arte público colaborativo llamado “Manta de Curación. Pieza por pieza, de país en país”5 contra la violencia hacia las mujeres, las niñas y la madre tierra.

La idea es que las mujeres que lo deseen, participen en la elaboración de una manta monumental de patchwork, “la cual es una técnica antigua que implica unir distintos retazos de tela con los que se forma una cobija. Es una práctica realizada por mujeres ante la necesidad de abrigar a sus familias”.6 La gran manta estará hecha con fragmentos de tela bordada y/o intervenida con pintura y contendrá los mensajes de las mujeres de México y de distintas partes del orbe. Se instalará en la plancha del Zócalo y después recorrerá diversas ciudades del país y del mundo.

Las organizadoras sostienen que esta manta tiene la intención de realizar un acto que simboliza enlace y sanación. Buscan contribuir a “sanar, expresar y transformar nuestro dolor sobre estos actos de violencia que ocurren a diario, y en solidaridad con las mujeres a nivel mundial. Demostrando que unidas como mujeres, con una sola voz, podemos lograr el cambio”.7

Considero que es importante visibilizar estas acciones desde la multiplicidad de realidades y distintos grados de injusticia y violencia que enfrentan las mujeres por el hecho de serlo, en un mundo dominado por un sistema capitalista neoliberal en el que la pobreza, la desigualdad, la mercantilización de la vida, así como el individualismo, la competencia y el egoísmo son apabullantes, y en el que de manera hegemónica todavía se considera a las mujeres como sujetos de menor valía, y por lo tanto, también a las labores y los saberes asociados a ellas.

Hoy nuestro país vive tiempos de cambios esperanzadores, vamos poco a poco sentando las bases para por fin salir de la pesadilla neoliberal, sin embargo, la violencia continua, y la violencia contra las mujeres es una problemática sumamente grave y extendida. En ese contexto tejer solidaridad, construir lazos y calidez humana es impostergable, por lo que en esta ocasión más allá del debate sobre por qué y cómo es que estas actividades y cualidades han sido consideradas como femeninas, es indispensable mirar la importancia de tejer entre todas y todos un nuevo paradigma, es el momento.

Hoy nuestro país vive tiempos de cambios esperanzadores, vamos poco a poco sentando las bases para por fin salir de la pesadilla neoliberal

1 Agosín, Marjorie (1985), “Agujas que hablan: Las arpilleristas chilenas”, en Revista Iberoamericana, disponible en <http://revista-iberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana/article/view/4066&gt;, consultado el 11 de enero de 2020.

2 Fernanda Sastre Díaz, Camila (2011), “Reflexiones sobre la politización de las arpilleristas chilenas (1973-1990)”, en Revista Sociedad y Equidad, núm. 2.

3 Michaud Maturana, Daniel (2019), “Las arpilleras chilenas en los Países Bajos: denuncia de pobreza y represión”, disponible en <http://www.cedocmuseodelamemoria.cl/wp-content/uploads/2019/08/Arpilleras-y-exiio-en-Pa%C3%ADses-Bajos.pdf&gt;, consultado el 10 de enero de 2020.

4 Museo Nacional de las Culturas del Mundo (2018), “Huellas: puntadas y caminares de la memoria”, exposición, disponible en <https://mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/exposicion:3736&gt;, consultado el 12 de enero de 2020.

5 El origen del proyecto es del colectivo Mujeres Artistas y el Maiz, creado en Oaxaca por la curadora Marietta Bernstorff.

6Patchwork: HealingBlanket/La Manta de Curación, disponible en <https://www.facebook.com/pg/lamantadecuracion/about/?ref=page_internal&gt;, consultado el 15 de enero de 2020.

7 Idem.