Lo privado también es político: los Derechos Sexuales y Reproductivos

Olivia Gómez Lezama*

Este año, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer de manera legítima, los grupos feministas han llamado a las mujeres a no realizar ninguna actividad, ya sea faltando al trabajo u omitiendo las labores del hogar, con la finalidad de que sean notorias las aportaciones que realizamos en diferentes ámbitos. No obstante, lamentablemente, la derecha y los grupos conservadores se han trepado de esta demanda con la intención de arrebatarle dicha bandera a los movimientos feministas y a la izquierda.

El neofeminismo y los derechos sexuales

El contexto histórico que se dio en la década de los años sesenta se caracterizó por los movimientos que encabezaron los jóvenes estudiantes contra los autoritarismos. Esta experiencia política nutrió también a las mujeres que participaron en él, ayudándoles a trasladar esta lucha del ámbito político al personal, al que se da en las familias y en las parejas. De este modo surgió un nuevo feminismo que, a diferencia del de las décadas anteriores, centró sus demandas en el segundo de ellos, con la consigna: “lo personal es político”. Así se pasó de la lucha por el derecho al sufragio a aspectos más personales como el derecho al libre ejercicio de la sexualidad y a decidir sobre su cuerpo en los diversos aspectos que ello conlleva, incluyendo cómo y cuántos hijos se tiene.

Otro aspecto que influyó en este cambio fue que para esos años las mujeres contaban con mayor presencia en las universidades. De ahí que el nuevo movimiento feminista estuviera constituido mayormente por mujeres universitarias, estudiantes, intelectuales, profesionistas que voltearon a ver “su vida personal en lo concerniente a su sexualidad, relacionando el espacio privado con aquello que repercute en el nivel de lo público”.1 De ahí la citada frase.

Por su parte, surgieron diversos grupos feministas pioneros en estos aspectos, tales como Mujeres de Acción Solidaria (MAS) y el Movimiento Nacional de Mujeres (MNM), que se colocaron a la vanguardia en la organizaron de grupos de autoconciencia que cuestionaron “el sexismo, el patriarcado y el androcentrismo en sus varias manifestaciones, presentes en la pareja, el trabajo, la casa, la escuela y la vida cotidiana”.2 Asimismo, este último, vio en la educación otra veta para combatir dichas prácticas discriminatorias. En ese sentido, llevaron a cabo un análisis de los libros de texto gratuitos que les permitió sacar a la luz que desde la manera en que se educa se comienza a relegar a las mujeres. Como resultado, consideraron necesario formar a las mujeres de las clases populares para luchar contra las diversas formas de opresión y discriminación de las que son sujetas las mujeres. Con esta tarea se convirtieron en pioneras en dar platicas en las delegaciones del entonces Distrito Federal sobre violación, violencia de género, doble jornada, el feminismo, etcétera, para acabar por concentrar sus esfuerzos en la despenalización del aborto.3

Las primeras iniciativas para legalizar el aborto

Para 1976 el MNM organizó las Jornadas Nacionales sobre el aborto a las que se llevaron las discusiones más vanguardistas al respecto, con médicos, psicólogos e incluso con la participación de un sacerdote pro aborto. Como resultado de estos trabajos, surgió el “Grupo Interdisciplinario para el Estudio del Aborto en México”, que se pronunció, luego de dichos encuentros, por el aborto voluntario, su despenalización y la garantía de que este se llevara a cabo con las medidas sanitarias adecuadas, a fin de evitar los riesgos que corren las mujeres, en su vida e integridad física, cuando los abortos son practicados de manera clandestina.

La primera iniciativa legal pro aborto, que se presentó ante la Cámara de Diputados por medio de la “Coalición de Izquierda”, encabezada por el Partido Comunista Mexicano, recién recuperado su registro legal con la reforma política de 1977. En aquél entonces la discusión versó sobre el término en que debía practicarse el aborto:

Unas feministas proponían que no se fijara plazo, que la mujer pudiera abortar en el momento que lo quisiera, aunque fuera a los siete u ocho meses de embarazo; las demás estaban divididas entre quienes pensaban que había que limitarlo a tres meses y quienes argumentaban que cinco era la fecha que la Organización Mundial de la Salud había fijado para diferenciar aborto y parto.

Finalmente en 1979, la fracción parlamentaria comunista presentó la iniciativa con el límite de tres meses, con lo que se mantuvo el nombre que le habían dado las feministas: “Proyecto de ley sobre maternidad voluntaria”.4

Además de la iniciativa legal, las mujeres del MNM llevaron a cabo diversas acciones. Entre ellas, crearon un Centro de Apoyo para Mujeres Violadas A.C. para brindar asesoría legal, psicológica y médica a las víctimas. Abrieron talleres para mujeres y formaron el Colectivo de Acción Solidaria con la Empleadas Domésticas.5

Entre avances y retrocesos: de izquierda y derecha

Durante los años noventa, las feministas fundaron el Frente Nacional por la Maternidad Voluntaria y la Despenalización del Aborto. Entre sus primeras acciones, realizaron una marcha que suscitó las críticas del Partido Acción Nacional (PAN), para quienes:

El aborto no se justifica ni siquiera en casos de violación [y afirman que] asesinar el producto de la violación no repara el agravio […] es por ligereza, comodidad y hedonismo por lo que se acepta el aborto […] no nos sometemos a decisión alguna si da licencia para matar.

No obstante, las mujeres continuaron insistiendo, el nuevo escenario político en el que se dio la emergencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional llevó a campesinas e indígenas que formaban parte de él a dar a conocer una Ley Revolucionaria de las Mujeres, con la que reivindicaban “demandas específicas de género, como el derecho a elegir libremente pareja, ejercer cargos públicos o decidir sobre su sexualidad”.7

De nuevo, entrando el siglo XXI, con la llegada del PAN a la presidencia de la república, en alianza con el la jerarquía eclesiástica, se dio un retroceso en cuestión de las demandas feministas, que terminó por agudizar la violencia contra las mujeres, en medio de un proceso en que las políticas públicas referentes al tema se detuvieron.8 No obstante, durante los dos sexenios panistas (2000-2012), las feministas construyeron un modelo cultural e institucional opuesto al de las derechas, “basado en el derecho de igualdad y en el principio de equidad de género”, que venía desde los años sesenta, pero que ahora, además, elevaban esta reivindicación a la categoría de derecho humano, además del derecho a la salud reproductiva. Mientras la derecha, “no compartieron las ampliaciones de derechos de las mujeres, relacionados con la sexualidad y la reproducción, así como tampoco las modificaciones a su papel tradicional en la familia”.9

* Doctora en Historia Moderna y Contemporánea en el Instituto Mora, con líneas de investigación en Historia política y de las izquierdas.

 

1 Jaiven, Ana Lau, “Emergencia y trascendencia del neofeminismo”, en Gisela Espinoza Damián y Ana LauJaiven (coords.), Un fantasma recorre el siglo. Luchas feministas en México 1910-2010, México, Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) / El Colegio de la Frontera Sur / Itaca, 2011, p. 154.

2 Ibid., p. 155.

3 Ibid., p. 163.

4 Lamas, Marta, “El feminismo mexicano y la lucha por legalizar el aborto”, en Política y Cultura, UAM-Xochimilco, núm. 1, 1992, p. 12.

5 Ana LauJaiven, “Emergencia y trascendencia del nofeminismo”, en op. cit., p. 165.

6 Marta Lamas, “El feminismo mexicano y la lucha por legalizar el aborto”, en op. cit., p. 15.

7 Ana LauJaiven, en op. cit., p. 172.

8 Ibid., p. 175.

9 Ulloa Pizarro, Citlalin, “Procesos de institucionalización: políticas públicas sobre el aborto en México (2000-2012)”, en Revista Mexicana de Sociología, Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales, vol. 79, núm. 2, 2017.