Luchas feministas y cultura en tiempos de la 4T

Natalia Eguiluz*

“Sin titulo”, gráfica digital, Natalia Eguiluz, 2021.

Aproximadamente desde el año 2015 hemos presenciado el inicio de la “cuarta ola” del movimiento feminista, la cual por primera vez en la historia tiene su epicentro en América Latina y desde ahí se irradia al mundo. Los símbolos como el Pañuelo verde en Argentina y las expresiones activistas feministas principalmente de Sudamérica, como lo es el performance Un violador en tu camino, de la colectiva chilena “Las tesis” circulan en las redes sociales y se replican en las ciudades de diversas partes del mundo. Es claro que las mujeres han estado tomando las calles de muchas maneras: marchando, a veces utilizando elementos creativos para la protesta y, algunas, lo han hecho llevando a cabo acciones directas contra mobiliario urbano, monumentos y edificios públicos.

El feminismo es un movimiento social, político y cultural diverso que lucha por la igualdad social de las mujeres, busca construir un mundo más igualitario y justo en el que ser mujer no signifique ser invisibilizada, discriminada o violentada y, en definitiva, reivindica el derecho a la vida digna de todas. Ello implica luchar contra el patriarcado y transformar la cultura androcéntrica que pone al varón como centro y medida de todas las cosas. Es claro que las mujeres no se enfrentan sólo a desigualdades por cuestiones de género, el patriarcado y el capitalismo van de la mano, e impactan de manera profunda la vida de la inmensa mayoría de las mujeres.

La precarización de la vida que ha traído consigo el capitalismo en su fase neoliberal se evidencia en los bajos salarios, las dobles y triples jornadas laborales que deben asumir las mujeres, el aumento en la comercialización de sus cuerpos, el tráfico de mujeres y niñas con fines de esclavitud sexual, el alquiler de vientres, las desapariciones y el feminicidio. Es claro que estas injusticias y violencias son vividas de manera especialmente contundente y mayoritaria por las mujeres pobres.

En México estas cruentas violencias y la impunidad ante la injusticia que enfrentan las mujeres y las madres que buscan a sus hijas, no son nuevas, dolorosamente llevan más de 25 años sucediendo de manera sistemática en el país, mismas que incrementaron desde el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa quien, recordemos, llegó al poder mediante un fraude electoral en el año 2006, y cuyo gobierno se caracterizó por ser represivo y profundizar la desigualdad y la violencia en el país de manera alarmante.

Ante ello, a partir de 2016 hemos visto amplias manifestaciones de mujeres contra la violencia, y desde 2019 han destacado acciones contra monumentos y edificios públicos por parte de algunos grupos de mujeres,1 e incluso de hombres durante las movilizaciones sobre todo en la Ciudad de México.2 Estas acciones pueden remitir a la “Iconoclasia” que es el ataque y destrucción deliberada de obras de arte, monumentos y otros símbolos por motivos religiosos, políticos o estéticos, fundamenta la acción en lo que estos monumentos u obras representan en la propia cultura.3

Para quienes entienden y practican un feminismo sólo enfocado en el combate al patriarcado y con un ideario cercano al anarquismo, el Estado es visto como una institución patriarcal y no les resulta relevante quién esté en el poder y lo que represente. En estos contextos es común escuchar “¿Y por qué tengo que respetar esos monumentos históricos de su cultura patriarcal que violenta a las mujeres? ¡No me representan porque son puros hombres y no hay mujeres!”. Sin embargo, desde mi punto de vista, se olvida que el gobierno actual no es un gobierno de las oligarquías, es un gobierno democrático, que no busca reprimir al pueblo y que fue electo por la inmensa mayoría de la población; se olvida también que este gobierno busca dejar atrás al neoliberalismo, trabaja y lucha por construir una sociedad más igualitaria y justa para todas y todos.

En la Cuarta Transformación (4T) se va avanzando en relación a las mujeres en varios aspectos muy importantes, como el gabinete paritario y las reformas legales para la igualdad entre mujeres y hombres, así como en materia de políticas de bienestar dirigidas a las mujeres y hombres pobres del país. Aunado a ello en la Ciudad de México se han implementado políticas relevantes contra la violencia hacia las mujeres.

A pesar de ello, ciertamente la violencia continua en niveles muy altos, y muchas mujeres con justa razón reclaman su derecho a la justicia pronta y expedita, así como a vivir libres de violencia de cualquier tipo y en cualquier ámbito, ya sea en las relaciones de pareja, en los espacios públicos, en las redes sociales, en los espacios laborales y escolares, en los medios de comunicación masiva, en los partidos políticos, etcétera. Exigen un alto a las desapariciones y feminicidios, comparto sus demandas, estoy consciente de que la gravedad del problema apremia, pero desde mi punto de vista, el hecho es que los cambios, y más los relacionados con desnormalizar y detener la violencia contra las mujeres, implican transformaciones económicas y de impartición de justicia, pero también —y muy especialmente— culturales, ya que se requiere cambiar el sentido común dominante y esto no se da por decreto. Las transformaciones implican tiempo y un proceso que en poco más de dos años es claro que ningún gobierno podría resolver.

Al enojo de las mujeres producto del hartazgo ante la violencia y la impunidad, se añade el papel oportunista que hace la derecha. En la actualidad vemos con asombro a políticos y personajes mediáticos a los que en años anteriores nunca les importó alzar la voz contra las violencias hacia las mujeres, por el contrario, la fomentaron y la ejercen, pero ahora se autonombran “feministas”. Es claro que el aparato cultural de comunicación mediática aun en manos de las clases opulentas nacionales y extranjeras —naturalmente contrarias a un gobierno de transformación como el actual— atizan el problema, dando como resultado una mezcla bastante acida y una coyuntura política delicada.

Sin duda aún hay mucho por hacer, y mientras continuamos con acciones para transformar las políticas económicas con el fin de lograr mayor igualdad social, y planteamos ideas, leyes, políticas públicas y prácticas para construir una cultura que desnormalice el clasismo, el racismo, el machismo y la violencia contra las mujeres, una de las acciones que nos exige esta grave situación es apurar el paso en la reforma del poder judicial para lograr que, en un futuro no muy lejano, el acceso a la justicia para toda la población sea una realidad y, en particular, para las mujeres que se encuentran viviendo en condiciones de pobreza en México.

* Artista plástica feminista. Maestra en Estudios de la Mujer por la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.

1 También se han dado fuertes agresiones contra mujeres policías.

2 González Alvarado, Rocío (2021), “Sheinbaum considera injustificable violencia en marcha del 8M”, en La Jornada, 9 de marzo. Disponible en <https://www.jornada.com.mx/notas/2021/03/09/capital/sheinbaum-considera-injustificable-violencia-en-marcha-del-8m/&gt;. Fecha de consulta: 19 de marzo de 2021.

3 Gamboni, Dario (2014), La destrucción del arte. Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución francesa, Cátedra, Madrid. Disponible en <https://www.redalyc.org/jatsRepo/5315/531564526004/html/index.html&gt;. Fecha de consulta: 19 de marzo de 2021.