Abandono, rechazo social y estigmas en el tejido familiar de las mujeres en Chiapas

Carmelita Santos Vicente* y Tania Isabel Ramírez

La violencia de género y la violencia intrafamiliar son problemáticas generalmente ignoradas, omisión que el ámbito gubernamental institucionaliza y refuerza a través de la familia, la Iglesia y la escuela, lo que refleja el desconocimiento de los tratados internacionales que sobre el tema México ha firmado y ratificado. Este tipo de violencia, que debería ser considerada de lesa humanidad, se relaciona con los altos índices de embarazo y matrimonios entre las adolescentes en Chiapas.

Resulta impostergable hablar y denunciar el abandono, el rechazo social y los estigmas que desde el gobierno y sus instituciones trasladan la violencia de género al tejido familiar. La familia es el primer núcleo donde se violenta a las mujeres; en este siglo de avances tecnológicos y científicos se siguen dejando de lado las necesidades más básicas de las niñas chiapanecas, como alimentación, educación y vivienda digna, de lo que se desprende la íntima relación que existe entre la violencia intrafamiliar y de género, pues si bien el abandono institucional es general hacia hombres y mujeres, se acentúa y se ejerce de forma distinta a las mujeres: un ejemplo clásico en condiciones de bajos ingresos económicos es priorizar la salud y la alimentación del “jefe” de familia. La mujer no está en un plano equitativo, como bien sabemos, se establecen roles de género cargados de estigmas, así se va normalizando el abandono desde el núcleo primario hasta que se forma un destino que después se manifiesta en la omisión del autocuidado por las propias víctimas. Se sigue perpetuando la falta de atención a las necesidades emocionales de las niñas, de las mujeres.

En Chiapas, la mayoría de las mujeres son utilizadas como botín electoral mediante programas como Prospera y otros, pues una mujer casada pero en estado de pobreza se encuentra marginada de las oportunidades de mejores condiciones de vida; estos programas, lejos de ayudarlas, las coloca como incapaces de transformar su entorno mediante la participación directa en la vida productiva que, incluso desde sus hogares, pueden ejercer.
 El abandono y el incumplimiento de deberes alimentarios de un padre hacia sus hijas e hijos es también una manifestación de odio y venganza hacia la mujer, que tiene que subordinarse totalmente a la voluntad del varón para no ser juzgada de transgresora de su autoridad. Cuando decide dejarlo o poner un alto al abuso, éste la abandona, pues como menciona María Dolores Muntané: “tienen por seguro la inferioridad de la mujer y la necesidad de su dominio y sujeción”. Lo incoherente y caótico es que en la familia la mujer debiera encontrar amor, solidaridad y alegría, pero se enfrenta a lo contrario, lo que causa serios trastornos en la salud en general: ansiedad, estrés, depresión mayor, diabetes, obesidad y cáncer.

Al hablar de abandono y estigma, tenemos que referirnos también al abuso sexual infantil y a la trata de personas que ha ido en aumento alarmante en Chiapas. De acuerdo con Elena Torres Villanueva, presidenta de la Fundación Granito de Arena, no hay ningún interés institucional por erradicar y atender este crimen cometido contra niñas y niños; asimismo, tampoco hay interés de la población chiapaneca para enfrentarlo.

En la entidad, entre el 3 de enero y el 13 de julio de 2017 han ocurrido 63 muertes violentas de mujeres: 27 han sido feminicidios, 17 han quedado en intento, nueve en posible feminicidio, cuatro como suicidio y seis como accidentes automovilísticos.

¿Qué hacer para salir de la violencia?

En primera instancia tenemos que reconocer que la violencia existe, que está sucediendo, pero que sí es posible salir de ella, que no es un destino y que debemos empezar por el principio: la salud mental, el derecho a una vida sin violencia, a una existencia en armonía y en paz. No hay salud física sin salud mental y espiritual; ante la deficiencia de las instituciones y los costosos tratamientos psicoterapéuticos particulares, existen los grupos de autoayuda reconocidos y que basan su recuperación en un programa espiritual, nada descabellado pues decenas de hombres y mujeres han encontrado una verdadera recuperación, que como resultado tiene el llamado “empoderamiento” de las mujeres. Médicos psiquiatras como Ernesto Lammoglia Ruiz, quien ha trabajado, investigado y escrito sobre la recuperación de mujeres que han vivido violencia intrafamiliar, incluso en el seno de familias con integrantes alcohólicos, señalan que es absolutamente necesario sanar el espíritu y la psique lastimada; lo menciona también el especialista en gestalt Jorge Bucay. Otra posible referencia es la analista junguiana Clarissa Pinkola, quien en su libro Mujeres que corren con los lobos describe su recorrido por la sierra tarahumara, Oaxaca y Chiapas para recopilar la sabiduría ancestral de las mujeres. Tomemos, pues, lo que de la mano de la vida se nos abre y caminemos hacia nuestra responsabilidad que nos lleva a la plenitud de sabernos vivas, de sabernos fuertes y únicas.

 

* Abogada y Pedagoga. Representante del Comité Seccional de MORENA de la Sección electoral No 1615 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Promotora voluntaria del MORENA. Participa como enlace para RadioAMLO.