Una Alerta de Género intermitente no detiene la violencia contra las mujeres en el Estado de México

Rocío Alejandra Ayala Pimentel*

Es sabido, porque así fue planteado, que los 11 ayuntamientos del Estado de México donde se emitió Alerta de Género deben proporcionar al gobierno estatal datos estadísticos e investigaciones que ayuden a disminuir la violencia contra las mujeres, así como implementar “diversas medidas” (que no se especifican), por ejemplo, de seguridad, para ofrecer un panorama distinto al registrado hasta el momento. Así lo refirieron la Secretaría de Gobierno de la entidad, el Consejo Estatal de la Mujer y Bienestar Social y los gobiernos municipales de Ecatepec, Nezahualcóyotl, Valle de Chalco, Chalco, Toluca, Tlalnepantla, Chimalhuacán, Naucalpan, Tultitlán, Ixtapaluca y Cuautitlán Izcalli, los cuales firmaron un convenio de coordinación de acciones de la declaratoria de procedencia de Alerta de Violencia de Género Contra las Mujeres. Sin embargo, desde el 2015 los feminicidios y la violencia contra las mujeres no han disminuido, por el contrario, hay lugares donde el estado de indefensión es tal que las cifras han aumentado.

La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia establece que la Alerta de Género es un “conjunto de acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia” contra las mujeres, y precisamente ahí se encuentra la razón de que los resultados sean ínfimos: las mujeres en el Estado de México no necesitamos “acciones gubernamentales de emergencia”, requerimos que el gobierno, en su papel de regulador de leyes, atienda el fallo de las relaciones de poder, de clase y de trabajo.

El sistema paternalista no ayuda a disminuir la violencia contra las mujeres, antes vulnera y apuesta por el detrimento de nuestras capacidades laborales y de desarrollo personal y profesional. En el mismo orden de ideas, encontramos que la colonización cultural de que es objeto nuestro país halla su máxima expresión en el Estado de México. Aquí convergen todo tipo de modas (musicales, de vestir, etcétera) que rayan en la denotación sexual de la mujer, creando así estereotipos que, a decir de quienes agreden, “provocan” que se sienten “motivados” a dar rienda suelta a sus instintos cuando una mujer viste ropa pegadita, como unas mallas y una camiseta. De igual manera, están los géneros musicales que definen a la mujer como el más preciado objeto de uso.

En lo que al modus vivendi predominante en nuestro estado se refiere, no importa cuántos foros, movimientos o qué tanta información se difunda sobre este tema; académicas, activistas y expertas en la materia están mirando de soslayo algo trascendental, por principio: el Estado de México no lo conforman sólo 11 municipios y la formación en valores y la educación comienzan en casa, que no es exclusiva de las mujeres y, por si fuera poco, que machismo se escribe con M de mujer. La mujer crea, forma y guía tanto a mujeres como a hombres. Se olvida que las mujeres también somos violentas, que agredimos a las mujeres que tenemos a nuestro alcance (madres, hijas, hermanas, amigas). Quienes observan este asunto, no han reparado en la violencia de mujer a mujer, lo más triste de este aspecto es que las agresiones entre mujeres son, en la mayoría de los casos, de madres a hijas. ¿Las causas? Un florilegio de circunstancias que dan pie a mil justificaciones más, las más visibles y comunes: divorcios, vicios, falta de trabajo, infidelidades, familias tradicionalistas, modas, falta de autoestima, soledad, ignorancia y manipulación de terceros. Por desgracia, la creciente ola de violencia de género ha encajonado a las mujeres en la figura de un ser frágil, débil, incapaz de realizarse por sí misma y, al mismo tiempo, como la feroz bestia sin control que con la letal arma de la histeria se convierte en una “feminazi”, que grita mucho y defiende poco; “rasgúñame perra, mientras se fragua mi espada en el crisol de tu virtud”.1

En estos lares, es común ver a mujeres violentadas en sus centros de trabajo, lo mismo por sus compañeros que por sus parejas sentimentales; mujeres que son jaloneadas a media calle cual chiquillo berrinchudo; mujeres que son humilladas en comparaciones absurdas, atentando contra su integridad física y moral. Aquí la mujer es maltratada desde el noviazgo, prevalecen frases como “Tú te lo buscaste”, “Se lo buscó por loca y andar de noche”.

En el ámbito político, la situación no es muy distinta, incluso, me atrevo a decir, que también desde la izquierda duelen los golpes a la hora de ser, estar, luchar y hablar en voz alta.

 

* Poeta. Periodista. Es coordinadora de reporteros de la zona oriente del Valle de México en el periódico Noticias del Estado de México y dirige el portal de noticias Acervo Mexiquense.

 

1 Erandy Alejandra, fragmento del poema Plegarias de una mujer dormida®, México, 2017.

Fuentes <http://mexico.cnn.com/nacional/2015/07/29/que-medidas-se-aplicaran-en-el-edomex-con-la-alerta-de-genero >.

Alberto Nájar y Juan Alberto Paullier, “Ecatepec: cómo es vivir en el peor lugar para ser mujer en México, BBC Mundo, Ciudad de México, 21 de septiembre de 2015, <http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150831_mexico_feminicidios_ecatepec_violencia_mujeres_jp&gt;.