Editorial

La historia nos recuerda que los movimientos y las luchas de las mujeres a nivel mundial han sido fundamentales para lograr el establecimiento de acuerdos, programas, normas y objetivos que promuevan y consoliden la equidad entre hombres y mujeres. El primer paso se dio con la firma en 1945, de la Carta de las Naciones Unidas, donde se estableció formalmente el “principio de igualdad entre hombres y mujeres”; la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha contribuido a promover institucionalmente los derechos de las mujeres y su participación política y económica.

El Día Internacional de la Mujer tuvo su origen en los movimientos obreros de América del Norte y Europa, pero con el tiempo ha adquirido una importancia mundial, porque los derechos de las mujeres son también derechos humanos. Sin embargo, las condiciones laborales están cambiando y va en aumento la in­formalidad laboral y la desigualdad en los ingresos. En México la mayoría de las mujeres trabaja en la economía informal, concentrándose en los empleos peor remunerados y sin protección social.

¿Qué dicen los datos? De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Em­pleo (ENOE/2015-2016), las trabajadoras subordinadas (las que trabajan para un patrón) laboran sin contrato escrito y representan el 41.9 % y sólo una de cada dos trabajadoras subordinadas goza de vacaciones pagadas (55.2 %), un 62.6 % recibe aguinaldo y el 16.9 % reparto de utilidades.

Las mujeres tenemos claro que sólo con la participación política en todos los ni­veles será posible proteger, ampliar y garantizar esos derechos que nos permitan un desarrollo pleno y mejores condiciones de vida. en voz alta llamamos a reflexio­nar sobre los avances logrados, pero también sobre los retos, ya que la globaliza­ción y las nuevas tecnologías, entre otros factores, continuaran transformando el mundo en el que vivimos. Trabajemos juntas para crear un futuro mejor.