Efeméride

Mujer Militante

Rosa Martínez

El Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo, no sólo es una fecha que representa un importante acto de reivindicación para las mujeres. También es el día que conmemora de manera simbólica el esfuerzo por elevar su espíritu transformador.

A este valor sin duda podríamos agregar más, e innumerables y positivos calificativos, pero vale la pena rememorarlos a través de un breve recuento de acontecimientos que, por sí solos –en una línea del tiempo imaginaria–, quedaron registrados en la his­toria por su alta carga transformadora, y en la que muchas mujeres lucharon por el conocimiento, los derechos y valores que asumieron propios para hoy y siempre.

Imágen Wikipedia, 16 de febrero 2018

La historia del 8 de marzo está marcada por situa­ciones que muestran un escenario complejo y abun­dancia de acciones que enclavaron vestigios desde la antigüedad, y en contexto de conflictos, por ejem­plo, desde la primera guerra mundial, la Revolución rusa, la lucha por el sufragio, las pugnas entre socia­listas y sufragistas, y el auge del sindicalismo feme­nino durante las primeras décadas del siglo XX en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

Hoy los cambios que se producen en el mundo nos exhortan a reflexionar y exigir que ninguna mu­jer permanezca aislada, excluida o marginada. Los espacios de discusión, negociación y concertación se han abierto, y en ellos las mujeres participan; su incidencia en las políticas públicas, su activismo y el empoderamiento es inminente.

Debemos mantener fijos los objetivos para lograr la equidad e igualdad de derechos y oportunida­des, la eliminación de todas las formas de violencia, acoso y discriminación contra las mujeres; mejores condiciones sociales, laborales, políticas y cultura­les; aquellos que las mujeres han exigido desde fi­nales del siglo XIX.

Sin embargo, desde la antigüedad y hasta hoy se conocen eventos que ponen de manifiesto la poten­cial capacidad de las mujeres para transformar su entorno y su incidencia en la vida pública. He aquí un breve recuento.

En Grecia, en el año 411 a.C. se representaba por primera vez una obra de teatro del dramaturgo Aristófanes, Lisístrata (en griego Λυσιστράτη _“la que disuelve el ejército”), donde de manera velada, el es­critor griego describía la primera rebelión llevada a cabo por mujeres y registrada en la historia, y ésta era de carácter sexual.

Y es que, debido a las continuas luchas que man­tenían Atenas y Esparta, las mujeres de ambas ciu­dades decidieron iniciar una huelga de sexo para  lograr que los hombres depusieran las armas. La re­vuelta era idea de la ateniense Lisístrata, quien plan­tea al resto de mujeres de la “polis” la solución para acabar con la interminable guerra del Peloponeso: la abstención sexual. El pacto se había propagado por las ciudades y tuvo la repercusión esperada: los combatientes de ambos frentes detuvieron las ba­tallas.

En Alejandría, Egipto, el antiguo centro de la ciencia, la cultura y el arte, el 8 de marzo del año 415, un severo acto de violencia sucedió contra una mujer; la matemática, astrónoma y filósofa Hipa­tia, sucumbió ante una turba de cristianos que la asesinó con extrema crueldad y se ensañó con sus restos. Tanto el clero como los monjes de los desier­tos vecinos, y los llamados “parabolanos”, seguían los dictados del obispo, y no vacilaban en promover violentos disturbios para demostrar su fuerza, des­truir los templos de los infieles y acallar las voces.

Hipatia formaba parte de la élite fiel a sus anti­guas ideas y creencias; velaba por el legado clásico en un ambiente que se volvía hostil hacia la heren­cia ilustrada del helenismo. Algunos de los testi­monios conservados proceden de dos historiadores eclesiásticos, Filostorgio y Sócrates el Escolástico, que escribieron unos veinte años después del cri­men y no ocultaron su molestia ante aquel acto fa­nático.

Y es hasta 1910 que se tienen registros de la par­ticipación decisiva de la mujer. En la II Conferen­cia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en Copenhague, se reiteró la demanda de sufragio universal para todas las mujeres y, a propuesta de Clara Zetkin, se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La propues­ta fue respaldada de manera unánime por 100 mu­jeres procedentes de 17 países, entre ellas las tres primeras mujeres elegidas para el parlamento finés.

En ese mismo año, pero en España, a partir del 8 de marzo de 1910 la mujer pudo acceder a la ense­ñanza superior en igualdad de condiciones que el hombre, cuando se aprobó una real orden que auto­rizó la misma de matrícula de alumnos y alumnas.

Un año después y como consecuencia de la de­cisión adoptada en Copenhague, el Día Internacio­nal de la Mujer se celebró por primera vez el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de un millón de personas, y que exigían para las mujeres el derecho de voto, ocupar cargos públicos, el dere­cho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

Imágen Wikipedia, 16 de febrero 2018

Unos días después sucedió uno de los hechos con mayor trascendencia y repercusión mundial en materia política, laboral y social para las mujeres. El sábado 25 de marzo, se incendió la fábrica de ca­misas Triangle Shirtwaist de Nueva York que en su época se consideró el más mortífero desastre indus­trial en los Estados Unidos.

El fuego causó la muerte de 146 trabajadoras tex­tiles. La mayoría de las víctimas eran jóvenes mu­jeres inmigrantes de Europa Oriental y Meridional de entre catorce y veintitrés años de edad, la más adulta tenía 48. Y es que, desde 1909, las trabaja­doras textiles exigían un trato digno y seguro para ellas y en plena manifestación se encerraron en la fábrica.

Lamentablemente vino la tragedia que se debió a un descuido, y a la imposibilidad de salir del edi­ficio en llamas, pues los responsables de la fábrica habían cerrado todas las puertas de las escaleras y salidas; una práctica común para evitar y reprimir los movimientos obreros. El hecho provocó impor­tantes cambios legislativos con respecto a las nor­mas de seguridad y salud laborales e industriales.

Entre 1913 y 1914, en la antesala de la primera guerra mundial, surgieron movimientos de mujeres en pro de la paz, y en Rusia decidieron celebrar su primer Día Internacional de la Mujer el último do­mingo de febrero. En el resto de Europa, las muje­res celebraron mítines en torno al 8 de marzo para protestar contra la guerra y para solidarizarse con las demás.

Pasados tres años, el 8 de marzo de 1917 sucedía una manifestación con motivo del Día Internacio­nal de la Mujer, evento que progresivamente al­canzó un fuerte tono político y económico, pues la hambruna que comenzó a padecerse desde un mes atrás originó mítines y revueltas en la capital Petro­grado, actual San Petersburgo. La manifestación y las largas filas para conseguir comida se convirtie­ron en reclamos espontáneos contra la monarquía. El hecho fue considerado el antecedente inmediato de la Revolución Rusa.

Foto: Rosa Martínez, Mujer Raramuri, 2016

Ya para 1975, coincidiendo con el Año Interna­cional de la Mujer, la Organización de las Naciones Unidas institucionalizó la asignación y celebración del Día Internacional de la Mujer por primera vez, el 8 de marzo.

Pero en Latinoamérica los acontecimientos re­presivos contra las mujeres también sucedieron. El día 8 de marzo de 1986 en Santiago de Chile, y en vísperas del Día Internacional de la Mujer, millares de mujeres desfilaron al grito de “si Marcos ya se fue, le toca a Pinochet”. Pero la policía intentó di­solver la manifestación con vehículos cisterna, ga­ses lacrimógenos y bastonazos. El resultado fue 101 mujeres detenidas, decenas de heridas, y dos auto­buses quemados.

En 1995, la Declaración y la Plataforma de Beijing presentaron una hoja de ruta histórica firmada por 189 gobiernos, en la que se estableció la agenda que reconoce la materialización de los derechos de las mujeres.

Para este 2018, la ONU ha determinado la conme­moración como “un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de mujeres de a pie que han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades”.

Este año, bajo el lema “Ahora es el momento: las activistas rurales y urbanas transforman la vida de las mujeres”, la ONU se sumará a un movimiento mundial por los derechos, la igualdad y la justicia de las mujeres.