Violencia, trabajo y desvalorización de las mujeres

La efeméride que institucionaliza la violencia

Martha Adriana Cota Sánchez*

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La forma más común de violencia experimentada por mujeres a nivel mundial es la violencia física infringida por una pareja íntima, lo que incluye mujeres golpeadas,obligadas a tener relaciones sexuales o víctimas de alguna otra forma de abuso. Entre las formas cotidianas de violencia contra las mujeres —denuncia la ONU— se encuentran también, entre otros, el tráfico de mujeres, la mutilación genital femenina, el asesinato por causa de la dote, el “homicidio por honor” y la violencia sexual en los conflictos.1

En esta comunicación, abordaremos a través de dos libros de Silvia Federici, Calibán y la bruja y El patriarcado del salario, el origen que sustenta la idea de que el trabajo de las mujeres no vale pero es absolutamente necesario. Con estos dos textos nos aproximaremos a reconocer de donde vienen estas ideas para construir en el camino una posible respuesta a la interrogante: Por qué los estados como el mexicano, particularmente los de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, han sido omisos en el tema de la violencia a las mujeres que,además, ha escalado a dimensiones sólo vistas en la época de la quema de brujas, donde al igual que ahora, el agotamiento y la crisis del modelo de producción capitalista encuentra en el asesinato de mujeres una forma más para reproducirse.

Más crisis, más violencia

 Los estados capitalistas neoliberales globalizados,tienen muchos y complejos tentáculos, los impactos de la crisis económica estructural atenaza con sus formas de pensar al colocar ideas y conceptos en la sociedad para transformar las relaciones sociales  la cultura con el fin de generar descomposición a través de la violencia. Una coartada deshumanizante,porque busca a través del exterminio delos recursos naturales las guerras de todo tipo, la creación de conflictos entre países y entre personas, es decir configura el sin sentido de un mundo violento y violentado en sí mismo.

Sostenemos que durante los siglos XX y XXI la violencia hacia las mujeres sucede cuando las condiciones históricas generan y promueven prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad,la seguridad, la salud, las libertades y la vida.

Desde cuándo la violencia hacia las mujeres

 Silvia Federici ha realizado un recuento exhaustivo del significado de la violencia, la ubica desde la Edad Media con la invención de las “brujas” y su necesario exterminio, la extensión del control estatal de cualquier aspecto de la reproducción,2es decir de la sexualidad, el sexo y la maternidad. Ayer como hoy, el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos es violentado.

La autora se pregunta ¿quién puede decir quiénes somos?, ¿es la clase dirigente o aquellos que aspiran a gobernar?, ¿quiénes presuponen que existe una personalidad humana eterna y natural, precisamente para perpetuar su poder sobre nosotras?3

Un sistema donde la vida está subordinada a la producción de ganancias, la acumulación de fuerza de trabajo sólo puede lograrse con el máximo de violencia para que, en palabras de María Mies,la violencia misma sea la fuerza más productiva.4

Esta referencia nos permite ubicar históricamente que las mujeres, a través de la desvalorización de su trabajo, han pagado el precio más alto durante las grandes coyunturas históricas de la transformación de las formas de explotación y reproducción de la sociedad, obligadas a “amar y cuidar” sobre la base del “miedo y la dominación”.

Carlos Marx identificó que entre los componentes fundamentales de las formas de explotación del trabajo humano en la división social del trabajo, es el acceso al salario, explicado de la siguiente manera por Federici:

A finales del siglo XIX, con la introducción del salario familiar, del salario obrero masculino, es que las primeras mujeres que trabajaban en las fábricas son rechazadas y enviadas a casa, de forma que el trabajo doméstico se convierte en su primer trabajo y ellas se convierten en dependientes. Esta dependencia del trabajo masculino define, lo que he llamado “patriarcado del salario”; a través del salario se crea una nueva jerarquía, una nueva organización de la desigualdad: el varón tiene el poder del salario y se convierte en el supervisor del trabajo no pagado de la mujer. Y tiene también el poder de disciplinar. Esta organización del trabajo y del salario, que divide la familia en dos partes, una asalariada y otra no asalariada, crea una situación donde la violencia está siempre latente.5

Este modelo de familia nuclear surgida entre 1870 y 1910, que se reprodujo hasta los años setenta del siglo XX y que las mujeres feministas cuestionaron y se sublevaron ante una condición de la mujer como dependiente, visibilizó a una sociedad que hasta nuestros días, no ha reconocido el trabajo doméstico como trabajo y mucho menos es considerado remunerado, más bien se ubica como la naturaleza de las tareas domésticas.

Por lo tanto, hemos de describir al salario no como una cantidad de dinero, sino como una forma de organizar la sociedad. El salario es un elemento esencial en la historia del desarrollo del capitalismo porque es una forma de crear jerarquías, de crear grupos de personas sin derechos, que invisibiliza áreas enteras de la explotación como el trabajo doméstico al naturalizar formas de trabajo que en realidad son parte de un mecanismo de explotación.6

El silencio es un lujo que no podemos permitirnos7

En esta oportunidad, queremos hacer un reconocimiento y solidaridad a las madres y familiares que demandan todas las formas de justicia y reparación del daño. Si son los estados garantes de la seguridad de toda la población, es requisito que el Presidente electo Andrés Manuel López Obrador construya los vasos comunicantes entre los distintos poderes del Estado y de la sociedad mexicana para cambiar el patrón de dominio y violencia que sustenta la reproducción de la economía en la explotación del trabajo de las mujeres, remunerado y no remunerado, y en los distintos tipos de violencia,desaparición, asesinato y feminicidio de mujeres.

¡Ni una menos!

* Socióloga, maestría en Estudios Latinoamericanos. Maestría en Periodismo Político. Promotora de Difusión Cultural en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco.

1 Véase Wikipedia (s/f), “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”, en <https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_Internacional_de_la_Eliminaci%C3%B3n_de_la_Violencia_contra_la_Mujer&gt;, consultado el 28 de octubrede 2018.

2 Silvia Federeci, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Pez en el Árbol y Tinta Limón, México, 2013, p. 38.

3 Silvia Federeci, El patriarcado del salario. Criticas feministas al marxismo, Traficante de sueños, Barcelona, 2018, p. 36.

4 Silvia Federeci, Calibán y la bruja…, op. cit., p. 95.

5 Ibid., p. 17.

6 Silvia Federeci, El patriarcado del salario…, op. cit., p. 19.

7 NgoziAdichieChimamanda, “El silencio es un lujo que no podemos permitirnos”, en <https://elpais.com/tag/chimamanda_ngozi_adichie/a&gt;, consultado el 28

de octubre de 2018.