Derecho a una maternidad voluntaria

Ana María Córdoba Méndez

Una mujer no tiene claro el número de hijos que desea, hasta que está casada.Es entonces cuando el reto de combinar ser esposa y madre se enfrenta entre carestía, hambre y falta de oportunidades. ¿Y qué decir de las madres solteras?, esas de doble rol que a veces se vuelven heroínas.Porque hoy, aunque nos duela decirlo, en las comunidades indígenas siguen los usos y costumbres arraigados desde varias generaciones, que señalan, exigen y acusan que el papel de la mujer es secundario para una familia, y en ocasiones su existencia se limita e incluso extingue en el cumplimiento de sus tareas domésticas, para dejar de lado su inteligencia o voluntad.

Si en las ciudades se extiende cada vez más ese grito del derecho a decidir el número de hijos que podemos no sólo tener, sino mantener, y más importante aún, educar, es porque sabemos que nuestras niñas y niños se unirán tarde o temprano a esta maquinaria capitalista. Pero las madres en el campo adolecen de los mínimos recursos para atender su salud de manera periódica, y tristemente los embarazos y partos son llevados a término en medio de escasez no sólo de recursos materiales, sino fundamentalmente humanos.

Hoy en día sigue siendo un delito para un elevado número de nuestras mujeres desear interrumpir un embarazo,cuando muchas han sido abusadas o utilizadas, poniendo en riesgo su propia vida para dar a luz, y bajo el señalamiento de una sociedad viciada por una doble moral.Buscar abortar escandaliza a infinidad de asociaciones con el argumento de salvar la vida de los pequeños que se desarrollan en el vientre de su madre; es comprensible y contradictorio que se piense que hay vida en otro planeta cuando es unicelular, y que no hay vida en un vientre cuando hay un pequeño ser humano en formación.¿Dónde está el punto de equilibrio? En mi humilde opinión, nos hemos olvidado por completo de que el embarazo debe ser un proceso sublime en el que la mujer se encuentra culminando un papel trascendental que Dios, la naturaleza o el ser que quieran citar le ha destinado.

Hoy cada mujer busca hacerse escuchar, porque se ve claramente plasmada en la vida de muchas otras compañeras de lucha.Hoy la maternidad debería ser voluntaria, desde consentir a quien compartirá de principio y fin ese proceso con nosotras.Hoy deberíamos poder decidir si queremos o no tener frente a nosotras el fruto de un verdugo,de una violación o de un abuso. Hoy las niñas que tienen embarazos deberían tener la oportunidad de cumplir sueños.Hoy las mujeres ultrajadas deberían tener la voz para exigir respeto a sus decisiones, si es que alguien no respetó sus cuerpos.

Sólo que hoy, todo se dice, todo se cuestiona, y en esta libertad es difícil hablar de una verdad absoluta. Será mejor luchar por el respeto a la voluntad de quien sufre o se regocija en su maternidad, y la elección del desenlace de su propia historia.