Tiempos de siembra y cosechas: la cultura para la transformación social

Natalia Eguiluz*

El sentido del tiempo varía en función de la prlecepción y circunstancias de quienes lo viven. Recuerdo nuestra alegría y el festejo del gran triunfo del pueblo de México que ese 1 de julio de 2018 decidió hacer historia y expresó un ¡Basta! con contundencia en las urnas.

De esa fecha a la entrega de constancia a Andrés Manuel López Obrador como presidente electo el tiempo parecía eterno, pasaba lento, y tantas cosas ocurrían todos los días, después se estiraba el ansia de que ya fuera el 1 de diciembre y se disiparan los miedos de que algo ocurriera y no lograra tomar protesta. Afortunadamente hoy estamos viviendo en un país gobernado por un presidente honesto, que día a día refrenda su compromiso de trabajar por transformar las condiciones de vida de la mayoría, así como la forma de hacer política que durante años ha dominado en nuestro país.

A veces se siente que llevamos años en el proceso de transformación, y otros días parece que apenas fue ayer. Pero existen cambios notables que desde ya se han puesto en marcha, algunos de ellos son la austeridad en la función pública con la intención de destinar recursos en beneficio de las mayorías; el combate a la corrupción, al llamado “huachicoleo” que no sólo estaba en Pemex, sino que permea cada una de las instituciones de nuestro país. Asimismo, hemos visto la instauración de programas sociales como Jóvenes Construyendo Futuro, las Becas y las Universidades para el Bienestar “Benito Juárez García”, entre muchos otros.

Específicamente en relación a las mujeres, podemos destacar la reciente aprobación de la reforma constitucional que garantiza la paridad de género en el poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial, los organismos autónomos, los partidos políticos y los gobiernos locales. La “paridad en todo” representa un acto de justicia histórica ya que las mujeres tendrán ahora la posibilidad de acceder a más espacios para la toma de decisiones en los asuntos de la colectividad, y bien merece ser celebrado. Si bien este logro proviene del trabajo de las mujeres que llevan años luchando por la igualdad y los derechos políticos de todas, tanto desde el movimiento feminista como desde las organizaciones sociales, y es producto del trabajo conjunto de distintas fuerzas políticas, no habría sido posible si morena no tuviera mayoría en las Cámaras.

Dicho avance, sin duda, colaborará en ir modificando ideas y prácticas androcéntricas, discriminatorias y misóginas que han estado enquistadas en nuestro país, e incidirá en transformar las relaciones entre mujeres y hombres.

Por otro lado, remitiéndonos al sector cultural artístico, la visión de política cultural que plantea el nuevo gobierno parte de fortalecer los procesos comunitarios, centrar esfuerzos en lo local para la regeneración del tejido social. El énfasis está puesto en convocar la participación y vinculación activa del sector artístico y cultural con —y de— los pueblos, los barrios, las comunidades, sobre todo en los municipios con mayores índices de violencia y marginación. Todo ello bajo el principio de que el destino del presupuesto público debe dirigirse hacia abajo, en lugar de al sector afianzado de las elites, lo cual, en un país con tanta desigualdad y pobreza tiene mucho sentido. El programa de Cultura Comunitaria1 va arrancando, y esperamos que sea muy fructífero.

Asimismo, hemos visto el comienzo de la implementación del programa de fomento a la lectura, y en el Fondo de Cultura Económica la venta de varios libros a muy bajo costo.

Sin embargo, en este arranque de sexenio el sector cultural artístico se ha llevado algunas sorpresas telúricas y no tersas, entre éstas el monto asignado al presupuesto destinado a cultura —que se esperaba fuera más alto—, el inesperado nombramiento del presidente de la Comisión de Cultura en la Cámara de Diputados, la polémica sobre el funcionamiento del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y la aún no concretada propuesta de la Secretaría de Cultura referente a la instauración de una Dirección General de Igualdad de Género, desde la que se garantizaría la transversalidad de la perspectiva de género en todos los programas culturales y al interior de las instituciones dependientes de la Secretaría, propuesta que ojalá se efectúe, ya que sin duda sería muy pertinente en un país con índices alarmantes de violencia hacia las mujeres.

Ahora bien, dirigiendo la mirada a la Ciudad de México, en lo que va de este año hemos sido testigos de grandes festivales temáticos en plazas públicas y en distintas sedes, en las que se han desarrollado múltiples actividades culturales y artísticas. En marzo, por ejemplo, se llevó a cabo el gran festival “Tiempo de Mujeres” en el cual participaron 790 artistas en más de 150 actividades gratuitas para promover, desde la cultura, los derechos de las mujeres y colaborar en la concientización sobre la necesidad de erradicar la violencia machista.

Además, inició el programa eje del gobierno de Claudia Sheinbaum en materia de política cultural: Puntos de Innovación, Arte, Libertad, Educación y Saberes (Pilares), los cuales son espacios en los que se encuentran ciberescuelas, talleres de oficios, actividades deportivas, talleres artísticos, conciertos, exposiciones, talleres de paz, y medio ambiente gratuitos. A la fecha ya se han inaugurado alrededor de 25 Pilares en las colonias con índices más elevados de marginalidad y violencia en la Ciudad de México, para este año se contempla la meta de llegar a 150 espacios.

Después de este brevísimo recorrido diré que hoy vivimos tiempos de ruptura con el paradigma clasista, racista y sexista neoliberal, lo cual exige grandes desafíos no sólo a nivel político y económico sino también desde el ámbito cultural artístico. Sabemos que en un país violentado —prácticamente dejado en ruinas— como consecuencia de la implementación durante más de 35 años de políticas neoliberales, saqueos, corrupción y violación de derechos humanos, se debe empezar a reconstruir iniciando desde algún punto.

Las reestructuraciones de fondo implican tocar intereses poderosos, y por supuesto “moverle el tapete” a prácticas normalizadas durante mucho tiempo. Sin desconocer lo anterior debemos seguir insistiendo en visibilizar que la mayoría de las personas dedicadas a la cultura y el arte en México han desempeñado su labor en condiciones precarias, y que el campo cultural artístico es fundamental para la transformación social.

Apenas estamos a meses del 1 de diciembre de 2018, y a un año de que inició el parteaguas en la historia contemporánea de México, sigamos participando en la siembra, recordemos que las cosechas llevan su tiempo.

¡Por el derecho de todas y todos a una vida digna, la cuarta transformación va!

*Artista plástica feminista, Maestra en estudios de la Mujer (Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco)

1 “Cultura comunitaria”, disponible en <http://www.culturacomunitaria.gob.mx/&gt;, fecha de consulta: 25 de junio de 2019.