El neoliberalismo y la desigualdad de género

Olivia Gómez Lezama*

Foto: Virginia Barrera Rodríguez, Ciudad de México, 2017

Entre los años setenta y finales del siglo XX, el mundo cambió radicalmente. El “Estado de bienestar” y la seguridad social, de los que gozaba la población en México y el mundo, terminaron para dar pasó a un proceso en el que el “neoliberalismo” se implementó en todos los ámbitos de la vida: el político, económico y cultural, llegando a introducirse en las conciencias de las personas como un modelo de vida que dejaría consecuencias muy distintas a las que se vivían hasta entonces. En palabras de Fernando Escalante: “Las esperanzas de 1970 desaparecieron sin dejar ni rastro. Incluso el lenguaje de 1970 desapareció y fue sustituido por otro, que entonces hubiera sido casi ininteligible”.1

El neoliberalismo trajo consigo el incremento de la desigualdad económica entre ricos y pobres. En las décadas de los años setenta, ochenta y noventa se produjeron varias crisis económicas y constantes devaluaciones de la moneda. Asimismo, se perdieron innumerables empleos, o bien, los que existían carecían de seguridad y derechos sociales. La introducción de otros modelos de trabajo como el “subempleo” (outsourcing) afectaron gravemente los derechos de los trabajadores, a quienes no se les otorgaba un contrato laboral, o bien, se reanuda periódicamente para evitar que adquieran antigüedad y, con ello, el derecho a una pensión digna.

Otra de las consecuencias negativas que dejó el neoliberalismo fue el incremento exponencial del comercio informal, que se dio en los años ochenta, ante la falta de empleo y/o de trabajos bien remunerados y con garantías sociales:

Entre diciembre de 1979 y fines de 1985, el aumento acumulado del costo de la “canasta básica” del trabajador era de 1305 por ciento, mientras los salarios mínimos nominales habían aumentado hasta mayo de 1985 sólo el 768 por ciento. Eso significa que para recuperar los niveles salariales de diciembre de 1979 los trabajadores tendrían que haber recibido un aumento del 70 por ciento. En total, en el período que va de enero de 1976 a mayo de 1985 el poder de compra de los salarios descendió en un 54.4 por ciento.2

Asimismo, la deuda externa de los países más pobres creció considerablemente. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional fueron clave para renegociarlas a cambio de la introducción de políticas neoliberales en sus economías. De acuerdo a ello, el Estado dejaría de ser el promotor del bienestar social y, en cambio, la iniciativa privada se encargaría cada vez más de las áreas que controlaba para garantizar el equilibrio social. Asimismo, a semejanza del modelo de la primera ministro de Inglaterra, Margaret Thatcher, se buscó impulsar el espíritu de empresa y la idea de que éste, aunado al sacrificio personal, serían la base de la economía y la prosperidad. Así, el esfuerzo individual se oponía al interés público.3

Ahora bien, ¿cómo se reflejó la implantación del neoliberalismo entre las mujeres? “Es decir, cómo las políticas de exacerbación de la lógica del mercado se han concretado en Latinoamérica. Y, además, cómo distintos feminismos del continente […] reaccionan a la hegemonía neoliberal”.4 Como se ha mencionado, el neoliberalismo profundizó la distribución desigual de la riqueza y el poder, sobre todo, cuando a ello se agregan diferencias de clase social, etnia y cultura. Esta desigualdad afecta la

supervivencia de millones de mujeres del sur que migran para entrar en los circuitos globales del comercio sexual, la economía de los cuidados (enfermeras y servicios domésticos principalmente) o la maquilla.5

La emigración de los hombres hacia los Estados Unidos y las grandes ciudades del país, dejan a las mujeres con mayores cargas al quedarse en sus pueblos o lugares de origen a sostener no sólo a sus familias, sino todo lo relacionado con sus comunidades, lo cual, implica mayor trabajo y cargas para ellas.

Por otro lado, también incrementó el comercio sexual y la trata de mujeres como consecuencia de esta desigualdad, aunado a “otros factores socioeconómicos, culturales e históricos característicos de los contextos de precariedad”,6 ya que la trata está relacionada con contextos de pobreza y con la inmigración, como consecuencia de la desigualdad en beneficio del mercado del sexo y la utilización laboral (sexual) de las mujeres.7

Así, la carencia de trabajos dignos, la pobreza, la falta de educación y prestaciones sociales que dejó el neoliberalismo han provocado que un número mayor de mujeres sean objeto de trata y explotación sexual.

[I]ntercambiar servicios sexuales por dinero representa una de las actividades mejor pagadas para miles de mujeres en México. A partir de un modelo propuesto por la Organización Internacional del Trabajo, la organización de la sociedad civil Brigada Callejera —que realiza su trabajo en La Merced desde hace más de 20 años— afirma que en México existen alrededor de 800 000 mujeres dedicadas al comercio sexual, de las cuales 200 000 son menores de edad.8

El testimonio de una de las mujeres que se dedican al comercio sexual evidencia cómo el neoliberalismo, que ha causado más pobreza y desigualdad, sobre todo la de género, ha permeado en las relaciones entre hombres y mujeres y en otros aspectos de la vida como la cultura:

Andaba yo buscando trabajo, andaba metiendo solicitudes de empleo y no encontraba, y de repente se me acerca un tipo y me dice que qué andaba haciendo […] entonces me dice “pues yo te ofrezco trabajo de casa” y le digo “pero es que no lo conozco” y ya me dice “no, no te preocupes, no te voy a hacer nada”. Entonces estaba tan necesitada que me arriesgué a irme con él. Llegando a Puebla me quita todos mis papeles, mi teléfono, todo […] y me dice “ahora vas a trabajar para mí”.9

Para enfrentar este problema que afecta a las mujeres y a la sociedad en conjunto, se plantea un cambio de modelo económico, político y social que disminuya la pobreza y la desigualdad, en el que las mujeres no sean fáciles presas del comercio sexual y la explotación, a partir de la mejora en sus condiciones económicas, laborales y de educación, y con ello, evitar que sean tan vulnerables, como consecuencia de la implantación del neoliberalismo.

* Doctora en Historia Moderna y Contemporánea en el Instituto Mora, con líneas de investigación en historia política y de las izquierdas.

1 Fernando Escalante Gonzalbo, Historia mínima del neoliberalismo, México, El Colegio de México, 2015, p. 13.

2 Barry Carr, La izquierda mexicana a través del siglo XX, trad. de Paloma Villegas, México, Era, 1996, p. 281.

3 Escalante Gonzalbo, Historia mínima del neoliberalismo, op. cit., p. 13.

4 Helena López y Adriana Arreola (coords.), Condiciones de la globalización, políticas neoliberales y dinámicas de género, México, Universidad Nacional Autónoma de México: Centro de Investigaciones y Estudios de Género, 2017, p. 7.

5 Ibid., p. 11.

6 Luz del Carmen Jiménez Portilla, “El comercio sexual de mujeres y las paradojas del neoliberalismo. Análisis preliminar de las experiencias subjetivas de las mujeres que se dedican al comercio sexual en el barrio de La Merced en la Ciudad de México”, en Helena López y Adriana Arreola (coords.), Condiciones de la globalización, políticas neoliberales y dinámicas de género, op. cit., p. 43.

7 Ibid., p. 45.

8 Ibid., p. 52.9 Ibid., p. 58.